
“En esta casa hoy hay paz, bien lejos están esas presencias demoníacas y satánicas de las que se habló hace tanto tiempo”, afirma quien dice ser Juana Zamora cuando recibe en la puerta de lo que hace más de tres décadas se calificó como “La casa embrujada de General Madariaga”, y que convulsionó a la ciudad llamada El Pago Gaucho, pueblo tranquilo que en aquella oportunidad se vio invadido por los medios nacionales ante la noticia de que allí habitaban espíritus siniestros y otras yerbas.
Surge la pregunta de rigor acerca de si ella es la nueva dueña, responde que sí y que vive allí, en Urrutia al 500, hace aproximadamente 15 años, que es policía y que de vez en cuando la convocan en la comisaría local para realizar algunas tareas específicas. Ante la propuesta de hacer una nota recorriendo hoy la vivienda y de poder charlar con ella para que contara todo lo que supiera, responde que solo si le pagan la entrevista, lo que impide la continuidad de la nota a este cronista.
Desesperadas madre e hija corrieron hasta la comisaría local para contar y denunciar lo que les acababa de pasar, pero según ellas los agentes en medio de la noche cerrada las tomaron a la risa y debieron regresar sin recibir ni contención ni ayuda. Más bien las trataron de bolaceras, como se califica a las personas que inventan historias o se las reconoce como embusteras en los pueblos.
La voz corrió por toda la ciudad y los vecinos comenzaron a agolparse frente a la casa, igual que los medios de prensa que potenciaron aún más la escandalosa noticia. Ante semejante caos la visita de la policía a la casa fue inevitable. Aquellos que días atrás se habían tomado a risa lo que las dueñas de la vivienda les fueron a contar, ahora entraban al lugar con cara de terror. Hasta el propio comisario en persona se dio cita. Se pensó que eso iba a llevar tranquilidad, que iba a apaciguar los ánimos, que llevaría calma a la población desvirtuando tales versiones esotéricas asegurando que nada de eso había existido. Pero no ocurrió así. Al mejor estilo del ufólogo y parapsicólogo Fabio Zerpa, el oficial Claudio Mejías abonó tales dichos y sumó los suyos: “En un momento dado se escucharon los golpes en las paredes, después transcurridos unos momentos pude observar que un cajón de un aparador se abrió solo. Eso es lo que puedo decirle que yo constaté”, expresó el policía casi en conferencia de prensa sin despeinarse.
Fue tal el alboroto que se armó en la ciudad causando tanta preocupación que debió hacerse presente el juez de Dolores José Luis Macchi –ya fallecido- profesor de derecho penal, conocido popularmente por haber sido el magistrado que tuvo a su cargo la instrucción del asesinato del reportero gráfico de la revista Noticias José Luis Cabezas ocurrido el 25 de enero de 1997.
Muchos ciudadanos de Madariaga no creían en lo que se repetía en la tevé, diarios y revistas, pero la intervención de dichos funcionarios le daba un tinte de veracidad que servía para alimentar cualquier tipo de especulaciones. Así apareció la vidente local, Susy López, quien se definió como quiromántica (adivinación basada en las líneas de las manos) y definió el asunto como un verdadero poltergeist (fenómeno paranormal extraño o violento que no puede ser explicado por las leyes de la naturaleza). Todo sucedió en el programa Hora Clave que conducía Mariano Grondona. El único que llevó paños fríos al tema fue Enrique Márquez, presidente del Centro Argentino de refutación de la pseudociencia que habló con seriedad de fraude psicológico y sostuvo que al comisario Mejías se le cayó un jarrón, se asustó, retrocedió y generó un caos con sus versiones incomprobables.
Quien acaparó gran parte de las miradas de todos fue el pastor evangélico pentecostal de Madariaga Pedro Istillarte que sostuvo ante el conductor que la familia concurría a su iglesia y no tenía paz. Y convocó a parapsicólogos de Mar del Plata que dejaron entrever que lo ocurrido pudo haber pasado porque a Timoteo, abuelo de la familia en cuestión, no había sido enterrado correctamente y provocaba estos efectos y fenómenos paranormales. Hasta que un vecino, Mario Carolio, investigó y descubrió al niño Nazareno mientras tiraba cosas por la ventana hacia el techo de la casa embrujada y sospechó que era él quien generaba estos golpes, ruidos y movimientos en su propia vivienda.
Allá por 2018 Julio Nazareno Nahuel contó que quien los atemorizó en aquellos tiempos difíciles fue el pastor Istillarte, su vecino. Dijo que como ellos un determinado día decidieron no asistir más a su iglesia, y según explicó el joven, el hombre que decía transmitir la palabra de Dios no lo aceptó porque estaba enamorado de su madre. Entonces les vaticinó de manera maligna que cuando llegaran a su casa el demonio los estaría esperando.
Luego se habló de que en la casa se había realizado una limpieza espiritual, también para terminar de una vez por todas con las versiones malévolas que le adjudicaban. Otros sostuvieron que esa tarea estuvo a cargo de un pai Umbanda.
Nuestro viaje hasta General Madariaga tuvo la intención de saber con certeza lo ocurrido hace ya más de treinta años. Pero Julia Ramona Ferreyra decidió no recibirnos para contarnos su verdad acerca de los misterios sucedidos aquel verano presuntamente diabólico de 1993. Y entonces así, la leyenda parece continuar…
Fuente: Con información de Infobae



