
Julián Acevedo, sagitariano, con 32 años bien vividos, nació en Rosario pero vive en San Nicolás desde los siete años. Vegetariano, hincha de Rosario Central, apasionado del fútbol, estudiante de logística, arquitectura y diseño gráfico, encontró en esta última carrera su verdadera vocación. A lo largo de su recorrido pasó por distintos trabajos: fue repositor, operario en Ternium y empleado de una imprenta, hasta que decidió dedicarse por completo al muralismo. Hoy es el 50% del dúo artístico Somos Brocha.
Sobre sus elecciones de estudio y oficio, relata: “Logística la elegí por comodidad, me quedaba cerca de casa y quería hacer algo. Con arquitectura fue distinto: mi hermano, tres años mayor que yo, es arquitecto, y recibía constantes impulsos para seguir ese camino. Empecé, pero terminé dejándola por vago, básicamente. El diseño gráfico sí lo elegí mucho más consciente, con ganas. Estudiaba en Rosario y trabajaba en la imprenta. Hice dos años y, al tercero, comencé a pintar y nuevamente dejé de cursar”.
El año 2019 marcó un antes y un después en su vida. “Desde el primer momento arranqué en el muralismo con Mariela (mi pareja), haciéndolo de forma gratuita al principio. La gran recepción de la gente y las recomendaciones de los clientes hicieron que en octubre o noviembre de 2019 renunciara a mi trabajo y decidiera abocarme exclusivamente a pintar. Fue muy loca esa sensación de que me paguen por pintar, nunca lo hubiera imaginado. También agradezco el apoyo de mis padres y mi hermano por darme una mano en los primeros momentos y entender que era, y es, algo que disfruto mucho hacer. Hoy, tras cinco años y medio, ya sabemos cómo ordenar los temas económicos y de insumos, pero al principio fue más difícil por desconocimiento e inexperiencia. Por eso, agradezco a mi familia el aguante”.
Sobre lo especial del muralismo, explica: “Me encanta dejar un mensaje en la calle, en un local o en una casa. Siempre nos reciben con alegría, y cuando terminamos el trabajo nos muestran su agradecimiento. Creo que eso es lo más especial: me pagan por hacer algo que hace feliz a alguien”.
Aunque el oficio lo apasiona, reconoce que tiene sus exigencias. “La rutina es quizás lo más dificultoso. Está buenísimo conocer personas y hacer trabajos distintos, pero para poder vivir de esto hay que trabajar intensamente. Nosotros trabajamos de lunes a viernes, sábados y domingos si hace falta, y eso cansa mucho físicamente. Escaleras, andamios, sol, frío… todo eso nos exige. Y acá en San Nicolás somos muy pocos muralistas; de alguna forma, eso nos hace especiales y hay que aprovecharlo”.
Consultado sobre el crecimiento de las expresiones artísticas en la ciudad, tiene una opinión definida: “Tengo una doble visión. San Nicolás está colmada de obras y mensajes artísticos hechos por nosotros y colegas de la zona. Pero, si hay algo que cuestiono, es la intervención de artistas que no son de la ciudad. El respeto es total, pero me hubiese gustado que los trabajos más importantes fueran para quienes estamos acá, que escuchen nuestras ideas para hacer aún más bella a San Nicolás”.
Hablar de pasión en su vida es hablar de intensidad. “Todo lo que te hace sentir bien o feliz es una pasión. En mi caso, el fútbol es mi lado más irracional: soy de Rosario Central, voy a la cancha con mi viejo y mi hermano. También el CrossFit es una de mis pasiones. Y, sin dudas, el muralismo forma parte de eso”.
Sobre compartir el trabajo con su compañera de vida, asegura: “Todo se dio muy naturalmente. Nunca sentí presión por trabajar con mi pareja. Tenemos puntos de vista distintos, discusiones, pero al final del día volvemos a casa siendo los mismos de siempre. No me imagino laburar sin ella, sería todo muy diferente”.
Cuando se le pregunta si se considera artista, reflexiona: “Es un concepto que se va construyendo. Cuando empecé a cobrar por mis trabajos, recibía buenas devoluciones, recomendaciones, y el trabajo aumentaba… empecé a sentirme artista. Es una palabra fuerte, importante, pero nace de uno. Hay un click en tu cabeza que hace que te consideres eso, y desde ahí lo vivís así”.
No hay arte sin simpleza ni calidad humana. Estos dos valores definen a Julián. Jugarse por una pasión en el momento justo, salir de la zona de confort y abrazar la incomodidad en busca de algo mejor, habla de su deseo de crecer. Y en ese camino encontró una complicidad que no se imagina vivir sin ella: el arte y el acompañamiento.“Don’t stop me now, ’cause I’m having a good time, having a good time…”



