
Retroceso en el césped: un vacío inédito
La pulseada entre las dos gigantes del deporte también se refleja en el fútbol argentino, aunque hoy ambas han perdido terreno. Nike, que durante los últimos 30 años vistió a clubes como Boca, Racing, San Lorenzo y Rosario Central, hoy no tiene contratos activos en la Primera División. Adidas, por su parte, conserva a River y Boca, además de un vínculo no contractual con Deportivo Riestra, pero está lejos de la hegemonía de otras épocas.
En paralelo, crecieron las marcas alternativas y se produjo una verdadera fragmentación en la liga. Kappa viste a Aldosivi, Atlético Tucumán –desde mayo–, Huracán, Racing y Tigre; Givova a Gimnasia, Instituto y Unión; Umbro a Argentinos Juniors, Belgrano y Lanús; y Le Coq Sportif a Rosario Central y Talleres.
El mapa se completa con firmas globales y locales de menor peso, pero cada vez más presentes: Macron (Banfield y Vélez), Puma (Independiente), Hummel (Platense), Atomik (San Lorenzo), Adhoc (Central Córdoba de Santiago del Estero), Aifit (Newell’s), Coach (Sarmiento de Junín), Fiume (Godoy Cruz), Il Ossso (Barracas Central), KDY (Defensa y Justicia), Lyon (Independiente Rivadavia), Mitre (San Martín de San Juan) y Ruge (Estudiantes).
Este “vacío de Nike”, inédito desde su desembarco local con Boca en 1996, habla del cambio del centro de gravedad del negocio: los gigantes priorizan propiedades globales y acuerdos federativos, mientras los clubes argentinos abrazan marcas más chicas que ofrecen flexibilidad, velocidad de entrega y foco comercial en retail local. Para Adidas, Boca y River funcionan como anclas; para Nike, hoy, Argentina no es trinchera prioritaria.
Alemania pasa a Nike; la MLS, de Adidas; y AFA, blindada hasta 2038
En el plano internacional, Alemania marcó un punto de inflexión: la selección alemana pasará de Adidas a Nike desde 2027 tras más de seis décadas con las tres tiras, en un acuerdo confirmado por la federación. Un golpe simbólico en la casa de Adidas.
En Estados Unidos, el fútbol de franquicias va por la vereda opuesta: Adidas renovó la exclusividad con la MLS hasta 2030, con suministro de indumentaria para todos los clubes y una asociación “league-wide” valorizada en u$s830 millones según la prensa especializada. Territorio Adidas, por contrato.
En Argentina, la AFA anunció en 2024 la renovación con Adidas hasta 2038 para vestir a la Selección argentina. Es el activo premium del mercado doméstico y un escudo de visibilidad para la marca alemana en la región, incluso cuando el día a día de la Primera quedó en manos de un ecosistema atomizado.
Incluso a nivel clubes top, la puja está lejos de apagarse: tras meses de tensión, el FC Barcelona renovó con Nike hasta 2038 y volvió a alinearse con el gigante de Oregón. Otro recordatorio de que la batalla se libra club por club, liga por liga, selección por selección.
Más allá del marketing, la batalla se libra también en los balances. En 2024, Nike facturó u$s46.300 millones, más del doble que Adidas (u$s22.000 millones). La diferencia se mantiene estable desde 2013, cuando Adidas frenó su crecimiento y recién logró recuperarse parcialmente en 2015.
Tras la pandemia, Nike no solo volvió a niveles pre-Covid, sino que los superó ampliamente, mientras Adidas retrocedió a volúmenes de 2017. El músculo financiero de Nike le permite ofertas agresivas (como la de Alemania) mientras Adidas concentra recursos en territorios estratégicos.
Final con doble advertencia
Lo ocurrido en la Media Maratón porteña es más que una anécdota: expone la nueva lógica del marketing deportivo, donde no basta con tener el contrato, hay que ganar la percepción pública.
Nike demostró que puede dominar la narrativa incluso sin figurar como sponsor oficial. Pero su repliegue del fútbol argentino muestra que no todo territorio es prioritario. Adidas, por su parte, conserva anclas clave como Boca, River y la AFA, pero pierde símbolos históricos como Alemania, lo que debilita su identidad global.
En un mercado que mueve miles de millones de dólares, la pelea ya no es solo por contratos, sino por relevancia cultural. Y ahí, como en la pista o en la cancha, no siempre gana el que parte primero: gana el que cruza la meta en la mente del consumidor.
Fuente: Con información de Ámbito