
Melina Ferraro Demarco quiso ser arquitecta, aunque le quedaron algunas materias por terminar. El deporte que llegó como acompañamiento familiar la llevó a vestir la camiseta argentina en competencias mundiales. En uno obtuvo una medalla; en el otro estuvo a un paso. España y Taipéi fueron escenario de una destreza construida con disciplina, trabajo y dedicación. Fue patinadora artística —y aún lo es—. A veces recuerda ese mundo con nostalgia; otras, con la sonrisa que le conocen quienes la vieron competir.
En el plano laboral trabajó para distintas empresas de San Nicolás y Rosario en tareas vinculadas a la construcción y el diseño. Habitó lo que suele llamarse “un mundo de hombres” y allí adquirió valores y herramientas para sostenerse al frente o al servicio de lo que el trabajo demandaba. Incursionó también en otras áreas, como la sommellería.
Hoy, después de procesos no siempre favorables, construyó una integridad donde la claridad, la sinceridad y el cuidado del otro actúan como ejes. Los anhelos, dice, pueden generar desencuentros: creer que uno no sirve, que todo terminará mal o que el fracaso es definitivo. Melina fracasó —ella misma lo admite—, pero aprendió y sigue aprendiendo. La revelación de carácter la ayudó a sortear la adversidad mental y el temor al futuro. Ahora, en un plano de conciliación con su mente y tolerando solo lo necesario, fluye de manera más natural. Ese, sostiene, es el verdadero triunfo. La historia la escriben los que ganan; sin embargo, existe otra más importante: la de quienes viven. Y Melina vive cada vez más para contarla.
Interrogatorio Recargado
– ¿Lugar favorito de tu casa?
Un sillón cerca de la puerta que da al patio. Ahí me siento a leer.
– ¿Alguien a quien quieras agradecer o valorar?
Hay mucha gente. Me agradezco a mí por la resiliencia ante las dificultades que me tocaron afrontar. También agradezco a quienes estuvieron, están, se fueron y eché de mi vida. Todas las personas dejan algo aunque su estadía sea breve.
– ¿Disfrutás de la soledad?
Sí, mucho. Hago miles de cosas sola: leo, entreno, hago trámites, como en un bar en soledad elegida. Estoy tranquila con mis pensamientos.
– ¿Un recuerdo de tu infancia?
Jugar con mi hermana en el patio de mi casa; tardes enteras en la pileta.
– ¿Por qué el patín?
Fue una hermosa casualidad. Mi mamá llevaba a mi hermana a patinar y yo me quedaba con ellas, hasta que un día me consiguió unos patines (que no andaban demasiado bien). Me los puso, me dio una mamadera y patiné toda la tarde. Tenía dos años y medio.
– ¿Tu opinión sobre la IA?
Es un arma de doble filo. Todo lo tecnológico lo es. Hay gente que se refugia ahí, otros llevan vacíos a través de eso y existe poca información sobre los abusos en ese manejo. Se pierde bastante el contacto humano. Yo no la utilizo.
– ¿Te analizás psicológicamente?
Sí, todas las semanas.
– ¿Cepa favorita?
Pinot Noir. Un vino suave, con un color precioso y que va muy bien con un montón de platos.
– ¿Le tenés miedo a la muerte?
No; sí al deterioro.
– ¿Qué sentís que le dejás al mundo?
Fue una duda existencial durante mucho tiempo. Algunos trabajos me dieron la posibilidad de hacer voluntariados y eso fue enriquecedor. Dejar huella haciendo lo mejor que pude, siendo amable y pudiendo cambiar la forma de vivir aunque sea en un espacio determinado.
– ¿Un consejo para compartir?
Sean genuinos y honestos.
– ¿Qué emociones forman parte de tu esencia?
Empatía y solidaridad.
– ¿Alguna asignatura pendiente?
Aprender a tocar el violín.
– ¿Método de desconexión favorito?
La música de Gustavo Cerati.
– ¿Una virtud?
Mi sinceridad.
– ¿Un defecto?
Mi sinceridad.
– Si no hubieras sido esto, ¿qué serías?
Psicóloga, psiquiatra y trabajaría en neurociencias.
– ¿Algo que te cueste?
Ser buena conmigo.
– ¿Extrañás el patinaje artístico?
Muchísimo.
– ¿Cómo es tu relación con la plata?
Compleja. Mientras me permita vivir bien, ya es un montón.
– ¿Cómo te llevás con la tecnología?
Ni. No tengo computadora en mi casa.
– ¿Tenés más amigos ahora o cuando eras chica?
Cuando era más chica. Con el paso del tiempo te volvés más selectiva.
– ¿Algo que ames?
A Roma, mi perra.
– ¿Un libro para recomendar?
Las voces del cuerpo, de Alejandra Brener.
– ¿Una mentira blanda o la verdad cruel?
La verdad cruel, porque la mentira nunca termina siendo blanda.
– ¿Momento favorito del día?
La mañana y su silencio.
– ¿Algo que detestes?
Tengo una lista enorme: los malos modales y que me tomen por tonta.
– Si pudieras cambiar algo, ¿qué cambiarías?
Haber dejado de patinar a temprana edad.
– Melina Ferraro Demarco es…
Única.



