Un caballo cayó en un pozo profundo y durante varios minutos quedó atrapado sin posibilidad de salir. El hecho ocurrió en el municipio bonaerense de Pergamino, sobre la calle Niñas de Ayohuma al 2000, y la escena terminó convirtiéndose en una historia que rápidamente trascendió el ámbito barrial por la reacción colectiva que generó.
El animal había caído de manera accidental dentro de una excavación abierta. El pozo era lo suficientemente profundo como para impedir cualquier intento de escape. El caballo permanecía inmóvil, visiblemente alterado, mientras vecinos de la zona comenzaban a acercarse con cautela al advertir lo que estaba ocurriendo.
Las primeras acciones fueron las habituales. Se intentó dar aviso a los servicios de emergencia, pero la respuesta no fue inmediata. Con el paso de los minutos, la preocupación creció y también la sensación de que no había margen para seguir esperando. El cansancio del animal empezaba a notarse.
La escena en la calle
Ante la falta de una respuesta rápida, los vecinos decidieron organizarse. Entre quienes estaban presentes surgieron llamados, contactos y gestiones que permitieron dar con una empresa que contaba con un montacargas, una herramienta que resultaría clave para el rescate.
El operativo se armó con extremo cuidado. Se colocaron cuerdas resistentes por debajo del abdomen del caballo, evitando movimientos bruscos. Nadie apuró el proceso. El montacargas comenzó a elevarlo lentamente, mientras alrededor se hacía un silencio tenso y expectante.
Cuando finalmente el animal salió del pozo y tocó el suelo, la reacción fue inmediata. El caballo logró ponerse de pie y caminar, sin heridas visibles. Hubo aplausos, abrazos y gestos de alivio.
Algunos vecinos se quedaron observándolo durante varios minutos más, simplemente para asegurarse de que estuviera bien.
Una historia que trascendió el barrio
El rescate no contó con la intervención de brigadas oficiales ni con un operativo formal. Fue una acción sostenida por vecinos comunes que decidieron involucrarse ante una situación límite. La coordinación fue espontánea, marcada más por el cuidado que por la urgencia desmedida.
El episodio ocurrido en Pergamino se difundió rápidamente y despertó una fuerte reacción emocional, especialmente entre quienes siguen con sensibilidad las historias vinculadas al bienestar animal. No solo por el riesgo que corrió el caballo, sino por la actitud colectiva que permitió evitar un desenlace trágico.
Un riesgo que se repite
La situación también volvió a poner en foco una problemática que se repite en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires, como son las excavaciones abiertas sin la protección adecuada, que representan un peligro latente tanto para animales como para personas.
En este caso, el hecho tuvo un final distinto. No por casualidad, sino porque alguien se detuvo, otros se sumaron y nadie eligió mirar hacia otro lado.
Fuente: Con información de Infocielo



