
Sus primeros instrumentos no fueron profesionales: ollas, cucharas de metal, tarros de acero y baterías de juguete marcaron el inicio de un camino que luego se transformaría en vocación. Criado en una familia cristiana y rodeado de músicos, encontró en el grupo de alabanza de la iglesia su primer escenario frente al público, cuando apenas tenía 12 años.
La música siempre estuvo presente en su entorno familiar. Muchos de sus parientes se dedican a ella o están vinculados de alguna manera. Sus principales referentes fueron sus tíos, Elías Novillo y Pablo Monje, ambos bateristas del grupo de la congregación. Jonathan recuerda pasar horas observándolos tocar sin desviar la mirada, aprendiendo cada movimiento y cada golpe. “Se podría decir que aprendí mirando”, resume.


En 2022 comenzó a tocar en bares y restaurantes de San Nicolás con una banda de tres integrantes, aunque su experiencia venía desde mucho antes. Su primera banda fue Tr3s y luego formó parte de proyectos como Semilla Reggae, MP5 y Big Yuyo (tributo a Los Pericos). Actualmente integra Flashback y también acompaña a Ernesto Bordes, artista que interpreta canciones propias.
Sobre la escena juvenil local, Jonathan considera que el movimiento musical en San Nicolás está creciendo, con bandas que se consolidan y jóvenes decididos a compartir su pasión. Menciona especialmente a grupos como Dyaspora, Polos Opuestos y Spunk como parte de esta nueva camada que busca hacerse un lugar.
Entre las experiencias más recordadas, destaca un show muy especial: El día en que Argentina salió campeón del mundo en 2022. Esa misma jornada habían sido convocados para tocar en bar de San Nicolás. “Fue tremenda experiencia”, recuerda. La emoción, la alegría y la gente cantando y saltando marcaron una noche que, aunque no fue multitudinaria, quedó grabada como uno de los momentos más significativos de su carrera.
Para Jonathan, la música va mucho más allá del escenario. “Me ha sanado en momentos donde uno no la pasa bien”, afirma. Sostiene que lo ayudó a despejar la mente, a pensar con claridad y a atravesar situaciones difíciles. Está convencido de que la música “sana el corazón” y asegura que no podría dejarla nunca.
“Moriría haciendo esto”, dice con orgullo, agradecido por todo lo que el arte le dio: compañeros, amor, paz y una colección de anécdotas inolvidables.

