
La escena se repite: Al bajar del auto aparece un cuidacoches que “ofrece” vigilar el vehículo. A veces el trato es cordial, incluso amable. Pero en otras ocasiones, el tono cambia: “Después no te quejes si pasa algo”, “mirá que yo te lo estoy cuidando”, son frases que algunos vecinos aseguran haber escuchado. No siempre hay un pedido explícito de dinero, pero la insinuación alcanza para generar incomodidad.
Es importante aclararlo: Las generales de la ley no aplican para todos, no todos los “trapitos” actúan de manera intimidante. Muchos se limitan a pedir una colaboración sin conflictos. Sin embargo, el problema aparece cuando el pago deja de ser voluntario y pasa a sentirse como una obligación encubierta. En esos casos, la experiencia de estacionar deja de ser una decisión libre para transformarse en una situación de presión.
Para quienes viven o trabajan en zonas de alto tránsito, la repetición diaria de estas escenas genera desgaste. Algunos optan por pagar para evitar discusiones. Otros directamente buscan estacionar más lejos para esquivar el momento incómodo. El resultado es el mismo: Una sensación de desorden y falta de reglas claras sobre el uso del espacio público.
En este contexto, vuelven a tomar relevancia ejemplos y casos de otros distritos, donde el municipio refuerza controles y aplica ordenanzas que prohíben la actividad de cuidacoches en la vía pública. Con operativos coordinados entre áreas municipales y la Policía Bonaerense, por ejemplo, la capital provincial decidió intervenir de manera activa para evitar cobros informales y situaciones de intimidación.
Si una política similar se aplicara en San Nicolás, el impacto podría sentirse en varios niveles. Por un lado, brindaría mayor seguridad a los automovilistas, que sabrían que estacionar no implica enfrentar presiones. También ordenaría sectores clave como el centro y la costanera, especialmente durante eventos masivos. Además, reforzaría la autoridad municipal sobre el uso del espacio público, estableciendo reglas claras y reduciendo conflictos.
El debate no es menor y tiene matices sociales complejos. Pero para muchos vecinos, la discusión gira en torno a algo básico: Poder dejar el auto en la calle sin temor a amenazas, sin pagos forzados y con la tranquilidad de que el espacio público esté regulado por normas y no por acuerdos informales.



