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El Cementerio bajo la lupa: ¿Concesión eficiente o un negocio a medida del poder?

¿Privatización o privilegio de casta? El cementerio de San Nicolás en manos de un solo oferente por 30 años y un canon que da risa. Entrá y leé los testimonios de los vecinos que ya se cansaron de los ‘’negocios de siempre’’.

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La administración de la necrópolis local genera un intenso debate en San Nicolás. Mientras el modelo de gestión privada busca, en teoría, desburocratizar y profesionalizar el servicio, las condiciones del contrato por 30 años y el irrisorio canon acordado despiertan sospechas. ¿Estamos ante una búsqueda de eficiencia o frente a una transferencia de recursos estatales hacia un “único oferente”?

En una gestión que hace de la “eficiencia” su bandera, la concesión del Cementerio Municipal de San Nicolás mediante la Ordenanza Nº 10385 se presenta como un caso de estudio. El Estado local decidió delegar la explotación del servicio por tres décadas a una firma privada. Hasta allí, la lógica de achicar el gasto público podría sonar razonable; sin embargo, cuando se analizan los términos del acuerdo, el entusiasmo libertario choca con una realidad que huele a privilegios de casta.

Los números que no cierran: ¿Negocio para quién?

El principal punto de fricción es el canon. Según los datos que circularon en el recinto legislativo, el cementerio generaba ingresos directos al municipio por unos $20 millones anuales (en valores de 2021/2022). Tras la privatización, el canon fijo estipulado es de apenas $78 millones por el total de los 30 años, lo que da un promedio de $2,6 millones anuales.

En cualquier mercado libre, una caída del 87% en el ingreso por la explotación de un activo sería considerada una pésima gestión administrativa o, peor aún, un beneficio direccionado. ¿Por qué el Municipio aceptó un canon tan bajo en un país con inflación indomable? Sin cláusulas de actualización sólidas, lo que hoy parece poco, en diez años será insignificante, dejando al privado con la totalidad de la renta y al Estado con una migaja simbólica.

Un solo oferente y muchas dudas

La transparencia es la base de la libre competencia, pero en este caso, la competencia brilló por su ausencia. La concesión fue adjudicada a la única empresa que se presentó: una Sociedad Anónima de reciente formación. Esta falta de opciones en una licitación tan relevante alimenta la teoría del “traje a medida” que denuncian tanto la oposición como los vecinos.

Para el contribuyente nicoleño, que ya no es ajeno a las maniobras políticas, la pregunta es directa: ¿Se buscó al mejor prestador o se le entregó la llave del cementerio a un actor cercano al oficialismo?

El termómetro de la calle: “San Nicolás tiene dueños”

Mientras los expedientes duermen en los cajones municipales, el vecino que camina el cementerio no necesita ser contador para notar que algo huele raro. La indignación circula por los barrios y explota en las redes, donde los nicoleños ya no se guardan nada:

El fantasma del monopolio: “Que el privado es de los Pasaglia lo sabe todo el mundo. San Nicolás parece que tiene dueños; solo cambian las firmas., disparó una vecina con una contundencia que asusta.

El costo del luto: “Es vergonzoso que hagan negocios sucios con el dolor. Te aumentan cada tres meses con la excusa del mantenimiento, pero vas al cementerio y es una mugre, las canillas no andan y se roban hasta los floreros. ¿A dónde va esa plata?”, se pregunta otro contribuyente que visita el lugar semanalmente.

Sospechas de larga data: Hay quienes incluso van más allá y recuerdan los momentos más oscuros de la ciudad: “Pagan 2 millones por año y se quedan con un negocio redondo. Ya lo vimos en la pandemia, cuando manejaron todo a su antojo para el beneficio familiar. Son los curros de siempre que terminamos pagando nosotros”.

Abandono total: “Pasar por afuera da miedo, parece una película de terror. Ni siquiera podés confiar en que nuestros seres queridos sigan ahí con los negocios que hacen bajo cuerda”, sentenció otra vecina reflejando el quiebre de confianza entre el ciudadano y la institución.

La sensación de que San Nicolás se ha transformado en un tablero de Monopoly, donde los mismos jugadores de siempre se reparten las fichas más valiosas, es el comentario obligado en cada esquina. Para el ciudadano de a pie, la “profesionalización” prometida no es más que un decorado para justificar una caja que, extrañamente, ahora le deja menos dinero al erario público que antes.

Final de juego: ¿Un cheque en blanco?

En definitiva, la concesión del cementerio deja una certeza y mil incógnitas. Es difícil explicarle al contribuyente cómo un activo que funcionaba a pleno pulmón estatal hoy se entrega por un canon que, en términos reales, parece una propina extendida por tres décadas. 30 años es demasiado tiempo para un contrato que nació con un solo oferente y muchas zonas grises. Si el objetivo era la eficiencia, el resultado actual —con quejas por falta de inversión y una recaudación municipal raquítica— parece indicar todo lo contrario.

Al final del día, los nicoleños ya no compran espejitos de colores. Saben que la transparencia es el primer requisito de una gestión sana y que, cuando los números no cierran, es porque el negocio está siendo efectivo para otros. En San Nicolás, parece que hasta el descanso eterno ha entrado en la lógica del “capitalismo de cercanía”, dejando a la ciudad con la responsabilidad formal, pero con la billetera vacía

 

 

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