San Nicolás fue escenario de una “realidad partida” durante el cierre de la Expoagro. De un lado del vallado, el despliegue de tecnología, discursos de poder y brindis. Del otro, el grito de los peones rurales que sostienen el sistema pero que, paradójicamente, tienen prohibido el ingreso a la fiesta del sector.
El contraste de la “botella de vino”
La protesta, impulsada por delegados de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE), buscaba visibilizar el estancamiento de las paritarias. El reclamo es concreto: una recomposición salarial urgente de $70.000, ante sueldos que hoy promedian los $300.000.
“Cobramos lo que cuesta una botella de vino para los patrones que están ahí adentro”, lanzó un trabajador con la cara curtida por el sol, resumiendo en una frase la brecha obscena que separa al peón del empresario. Mientras los manifestantes exigían ser escuchados, la seguridad del predio les impidió el acceso, manteniéndolos a una distancia prudencial de los stands donde se cierran negocios de exportación.

Pasarela política en el “Conventillo VIP”
Dentro del predio, el ambiente era otro. Entre sonrisas y flashes, se vio al intendente Santiago Passaglia escoltando a figuras de peso como el expresidente Mauricio Macri y el gobernador de Santa Fe, Maximililiano Pullaro. Para ellos, la Expoagro fue el escenario ideal para hablar del “motor productivo del país”, omitiendo el conflicto que se desarrollaba apenas a unos metros, del otro lado de las rejas.
La voz del nicoleño: “Siempre vivieron de la mano de obra barata”
La escena no pasó desapercibida para los habitantes de San Nicolás, quienes expresaron su indignación ante lo que consideran una falta de respeto hacia el trabajador esencial: “¿De qué nos vamos a sorprender? Siempre vivieron a costa de la mano de obra barata. El campo produce, pero el peón no ve un peso”, comentó una vecina al ver las imágenes de la movilización. “Es un conventillo VIP de ricachones del agro. Mirá si se van a preocupar por si esas familias llegan a fin de mes. Para ellos son invisibles”, sentenció un frentista indignado por el operativo de seguridad que cercó a los trabajadores. “Pobre gente, encima se vuelven a sus casas insolados y con las manos vacías. Es muy triste ver cómo los políticos se sacan fotos mientras el que labura la tierra tiene que pedir permiso para protestar”, agregó otro ciudadano local.
La Expoagro 2026 baja el telón dejando una herida abierta: la confirmación de que, en la capital del agronegocio, los brindis son para pocos y el esfuerzo es de los que se quedan afuera.



