
Durante décadas, la enfermedad cardíaca fue considerada un problema de la mediana edad o de la vejez. La idea de que los controles cardiológicos pueden esperar hasta después de los 40 años todavía está instalada en gran parte de la población. Sin embargo, nuevas evidencias científicas sugieren que esa percepción podría ser errónea, especialmente en el caso de los hombres.
Un estudio de gran escala publicado este año en el Journal of the American Heart Association advierte que las diferencias en el riesgo cardiovascular entre hombres y mujeres comienzan a manifestarse mucho antes de lo que se pensaba: alrededor de los 35 años. La investigación fue dirigida por científicos de Northwestern Medicine y se basó en los datos del histórico estudio CARDIA, que siguió durante tres décadas a más de cinco mil adultos jóvenes en Estados Unidos.
Los participantes tenían entre 18 y 30 años cuando ingresaron al estudio y ninguno presentaba enfermedades cardiovasculares al inicio. Durante los siguientes 30 años fueron evaluados mediante controles de presión arterial, niveles de colesterol y otros indicadores clave de salud cardíaca, además de registrar diagnósticos médicos a lo largo del tiempo.
El seguimiento permitió detectar cuándo aparecían los primeros signos de riesgo cardiovascular y cómo evolucionaban según el sexo. La epidemióloga Alexa Freedman, autora principal del estudio, explicó que las diferencias en el riesgo de enfermedad cardiovascular entre hombres y mujeres emergen alrededor de los 35 años.
Los resultados son contundentes. A partir de esa edad, los hombres tenían casi el doble de probabilidades que las mujeres de desarrollar enfermedades cardiovasculares durante la década siguiente. Esa brecha se mantuvo incluso en etapas posteriores de la vida.
A los 50 años, el 4,7% de los hombres ya había desarrollado algún tipo de enfermedad cardiovascular, frente al 2,9% de las mujeres. En el caso de la cardiopatía isquémica, el 2,5% de los hombres la padecía a esa edad, mientras que las mujeres alcanzaban cifras similares casi una década más tarde.
El riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular, en cambio, era similar entre ambos sexos, afectando aproximadamente al 1,2% de los participantes.
Uno de los factores que explican el mayor riesgo temprano en los hombres es la mayor incidencia de enfermedad coronaria, provocada por la acumulación progresiva de placa en las arterias. Este proceso puede comenzar de forma silenciosa muchos años antes de que aparezcan los síntomas.
Los investigadores también analizaron factores clásicos como el tabaquismo, la hipertensión arterial y la diabetes tipo 2. Aunque influyen en la salud del corazón, la diferencia entre hombres y mujeres persistió incluso después de considerarlos.
Para los especialistas, este hallazgo sugiere que los modelos tradicionales de evaluación del riesgo podrían no captar completamente las diferencias biológicas entre ambos sexos. El cardiólogo Srihari Naidu señaló que ya se sabía que los hombres tenían mayor riesgo, pero no estaba claro cuán temprano comenzaba esa diferencia.
Las conclusiones también ponen en discusión el enfoque habitual de los controles preventivos, que suelen comenzar recién a partir de los 40 años. Para algunos especialistas, ese criterio puede resultar tardío.
La cardióloga Laxmi Mehta advirtió que la edad no es un factor protector y que no debería pasarse por alto la etapa temprana de la vida adulta, cuando aún es posible modificar factores de riesgo y evitar daños futuros.
En ese sentido, los especialistas coinciden en que la prevención debe comenzar antes de los síntomas. Hábitos como dejar de fumar, mantener una dieta equilibrada, hacer actividad física y controlar la presión arterial y el colesterol pueden reducir significativamente el riesgo.
La Asociación Americana del Corazón recomienda ocho pilares para cuidar la salud cardiovascular: alimentación saludable, ejercicio frecuente, abandono del tabaco, peso adecuado, control del colesterol, niveles de glucosa estables, presión arterial controlada y buen descanso.
A estos factores se suma cada vez más la salud mental. El estrés, la depresión o el aislamiento social pueden afectar los hábitos y la adherencia a tratamientos, impactando de manera indirecta en el corazón.
En definitiva, el mensaje es claro: esperar a la mediana edad puede ser un error. Para muchos hombres, el proceso que conduce a una enfermedad cardiovascular comienza años antes.
Por eso, los especialistas recomiendan iniciar controles desde los 30 años, revisar antecedentes familiares y evaluar periódicamente los factores de riesgo. La prevención temprana sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir la principal causa de muerte en el mundo.



