La situación en el Hospital San Felipe ha dejado de ser una serie de hechos aislados para convertirse en una crisis estructural que afecta a todos los estamentos de la institución. En las últimas horas, un duro comunicado emitido por ATE San Nicolás puso negro sobre blanco una realidad que los trabajadores de la salud califican como “inadmisible”. Sin embargo, la moneda tiene otra cara: la de los vecinos que, entre la desesperación y el maltrato, denuncian una falta de profesionalismo que alimenta un círculo vicioso de violencia del que nadie parece poder escapar.
Desde la Secretaría de Género y Diversidades y la Secretaría de Derechos Humanos de ATE, la advertencia es clara. El personal de enfermería y los profesionales de la guardia están trabajando en condiciones de inseguridad extrema. Según el gremio, la organización institucional incurre en fallas graves, como la convivencia de pacientes quirúrgicos con personas que padecen crisis de salud mental en espacios no aptos, o la presencia de adultos en salas de pediatría. Este escenario, sumado a la ausencia de guardias psiquiátricas permanentes, ha derivado en agresiones físicas constantes hacia el personal. Un caso testigo es el de una agente que hoy debe permanecer bajo resguardo en su domicilio tras sufrir un hecho de violencia que ya se tramita en la Justicia.
En su descargo más crudo, la entidad gremial disparó contra la cúpula directiva del nosocomio: “Repudiamos enérgicamente estos señalamientos hacia el personal y exigimos de manera urgente la adopción de medidas concretas”, sentenciaron desde ATE. El comunicado enfatiza que es la propia desorganización del hospital la que vulnera derechos: “La mezcla de pacientes pre y post quirúrgicos con pacientes de salud mental constituye una clara vulneración de derechos. No hay una jefatura o una guardia psiquiátrica presente, lo que deriva en que estos pacientes deambulen por distintos sectores poniendo en riesgo la integridad física de los familiares y del propio personal”. Para el sindicato, la ecuación es simplista pero letal: “Sin trabajadores seguros, no hay salud pública posible”.
No obstante, la visión de la calle aporta un matiz necesario para entender el conflicto. Para el ciudadano común, la “violencia” muchas veces es la respuesta reactiva a un sistema que los expulsa. Testimonios de vecinos nicoleños coinciden en que la atención de algunos profesionales carece de la empatía necesaria ante la emergencia. “Uno llega desesperado y te atienden de mala gana; esa falta de profesionalismo genera el malestar”, comentan quienes han pasado horas esperando en la guardia. La queja por la “mala educación” y la “agresividad” de ciertos sectores del personal sanitario sugiere que el hospital hoy es un hervidero de tensiones cruzadas.

El malestar vecinal escala cuando se menciona la higiene y el mantenimiento, factores que consideran un insulto a la dignidad humana. “Quisiera saber qué empresa de limpieza contratan, el lugar más desinfectado debe ser un hospital y este da una imagen asquerosa”, reclamó una vecina indignada, quien incluso propuso que la comunidad misma tome las riendas ante la inacción: “Entre todos podríamos ir a limpiar el hospital, nos pertenece”. Otros relatos son más crudos y advierten a quienes deben internarse: “Si van, llévense todo para higienizar; yo tuve que limpiar el baño con shampoo y mi marido salió a comprar lavandina porque la mugre era total”. Esta percepción de abandono refuerza la idea de un hospital que ha dejado de ser un refugio para convertirse en un foco de conflicto.
En definitiva, el Hospital San Felipe atraviesa un momento muy delicado. Mientras ATE exige protocolos de seguridad urgentes para evitar más heridos entre sus filas, la comunidad reclama humanidad, profesionalismo y limpieza. Entre la responsabilidad directa de la gestión bonaerense de Axel Kicillof y la falta de intervención de las autoridades locales, los trabajadores y los pacientes quedan atrapados en un edificio donde, hoy por hoy, la salud parece ser lo último que se garantiza. Sin condiciones laborales dignas ni una atención humanizada hacia el vecino, el hospital se encamina hacia un colapso que San Nicolás no puede permitirse.



