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“Mientras inauguran calistenia, nosotros seguimos inundados”: El crudo relato de una vecina de Somisa

Inauguraciones de lujo y servicios básicos colapsados. La contradicción passaglista puesta en evidencia por los propios vecinos.

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Una vecina expuso la crítica situación del barrio, donde conviven con caños rotos, derroche de agua y cortes de suministro eléctrico. Denuncian que el municipio prioriza obras superficiales y costosas sobre la renovación de la infraestructura esencial.

El relato oficial de la gestión municipal en San Nicolás, centrado en la inauguración de espacios públicos y estética urbana, choca de frente con la realidad que viven a diario los residentes de Barrio Somisa. Una vecina de la zona alzó su voz para denunciar el estado de abandono de los servicios públicos esenciales, exponiendo una gestión de recursos que, a los ojos de la comunidad, carece de prioridades lógicas y transparencia.

Infraestructura obsoleta: Caños rotos y dependencia eléctrica

El reclamo principal y más urgente apunta al colapso de la red de agua potable. Se trata de una infraestructura antigua y deteriorada que presenta pérdidas constantes en distintos puntos del barrio. Es visible el derroche de agua, especialmente sobre la avenida principal, sin que haya una respuesta efectiva por parte de las cuadrillas municipales.

Esta situación se agrava por una vulnerabilidad crítica: la dependencia total de la energía eléctrica para el funcionamiento de las bombas de agua. Cada corte de luz implica, que el barrio tenga complicaciones con el servicio de agua potable, dejando a los vecinos sin un recurso vital por tiempo indeterminado. Esta falta de inversión en soluciones hidráulicas independientes demuestra una alarmante falta de planificación para garantizar la continuidad de un servicio esencial.

Prioridades invertidas: ¿Superficialidad o Negocio?

La indignación de la vecina se potencia al contrastar esta desidia con las inversiones millonarias que el municipio anuncia para el “mejoramiento de entornos de arroyos y espacios verdes”. Se estima que estas obras rondan los 6.000 millones de pesos, una cifra astronómica que genera profundas dudas sobre su verdadera utilidad y el destino final de los fondos.

“¿En qué consisten realmente las obras que hoy se presentan como una gran transformación? Mientras inauguran la hermosa plaza de gimnasia nosotros seguimos entre caños rotos, ¿cuáles son las prioridades? se preguntó la vecina, cuestionando si la instalación de un gimnasio de calistenia a cielo abierto justifica semejante gasto. En Somisa, la sensación es que se invierte en lo visible, en lo que luce bien para la historia de instagram, pero se ignoran los problemas de fondo que afectan la calidad de vida.

¡Somisa y sus espejos de agua!: El municipio inaugura pistas de calistenia con estética europea, mientras el subsuelo de Somisa sigue anclado en el siglo pasado con caños que colapsan a diario.
¡Somisa y sus espejos de agua!: El municipio inaugura pistas de calistenia con estética europea, mientras el subsuelo de Somisa sigue anclado en el siglo pasado con caños que colapsan a diario.

Planificación deficiente y caos vehicular

Las intervenciones municipales no solo son costosas, sino que en algunos casos, han empeorado la situación. La colocación de pasto, playones y estructuras en la plaza principal, junto con la prohibición de estacionar sobre la avenida, ha reducido drásticamente el espacio disponible. Esto ha generado un caos vehicular diario, especialmente en los horarios de entrada y salida de las escuelas de la zona, complicando la logística familiar y el tránsito.

La verdadera “recuperación” del Arroyo

Finalmente, los vecinos de Somisa desmienten el discurso oficial sobre la “recuperación” del arroyo. “Ese lugar existe y está cuidado desde hace años gracias a un vecino que plantó árboles, parquizó y lo sostuvo sin cámaras ni presupuesto millonario”, recordaron. Lo que la gestión Passaglia presenta como una puesta en valor, los residentes lo viven como una imposición autoritaria que ignora la historia y la identidad del barrio.

En definitiva, la denuncia de la vecina de Somisa expone un modelo de gestión que prioriza el gasto en ornamentación urbana sobre la inversión en infraestructura básica. Mientras los millones fluyen hacia obras superficiales, los vecinos de Somisa siguen esperando respuestas concretas: renovación integral de cañerías, soluciones hidráulicas que garanticen agua y una planificación urbana racional. La pregunta que queda flotando es tan incómoda como necesaria: ¿dónde están realmente esos millones?

 

 

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