La tranquilidad de la Avenida Viale al 500 se vio interrumpida ayer por un nuevo episodio de violencia que refleja la fragilidad del sector comercial nicoleño. Un delincuente de 20 años ingresó a un establecimiento y, esgrimiendo un cuchillo, intimidó a la empleada, una joven de apenas 19 años que se encontraba cumpliendo su jornada laboral.
Bajo amenaza de muerte, el asaltante se apoderó de la caja registradora, la cual contenía aproximadamente $110.000 en efectivo. Sin embargo, la rápida reacción tras el alerta permitió que el sujeto fuera interceptado por personal policial a pocas cuadras del lugar mientras intentaba darse a la fuga con el dinero.
El costo de trabajar en una ciudad “entregada”
Aunque en esta ocasión el final incluyó la recuperación del botín y la detención del sospechoso, el hecho deja al descubierto una realidad que el vecino de San Nicolás padece a diario: la inseguridad no da tregua. Mientras el municipio destina partidas presupuestarias millonarias a la estética urbana y a “plazas de calistenia”, los comerciantes deben rezar para no ser la próxima víctima de un sistema que parece haber descuidado la prevención del delito.
“Ya no se puede trabajar tranquilos. Hoy es un cuchillo, mañana no sabemos. Los comerciantes estamos a merced de tipos que no tienen nada que perder” comentó un vecino de la zona, reflejando el hartazgo generalizado ante la falta de corredores seguros.
Un sistema judicial bajo la lupa
El detenido quedó a disposición de la Justicia, pero el interrogante en la calle es siempre el mismo: ¿cuánto tiempo pasará hasta que este individuo vuelva a circular por las mismas veredas donde hoy cometió el asalto? En un contexto de crisis económica profunda, la propiedad privada y la integridad física de quienes trabajan parecen ser los eslabones más débiles de una cadena de prioridades municipales totalmente invertida.



