
En la noche del 16 de julio de 2011, decenas de adolescentes llegaban a la casa de Tyler Hadley, un joven de 17 años que había organizado lo que él llamaba “la mejor fiesta de su vida”. La invitación era en una propiedad ubicada en la ciudad estadounidense de Port St. Lucie, en el estado de Florida.
Sin embargo, mientras el evento aparentaba ser normal, nadie se imaginaba que en ese mismo lugar se escondía un secreto macabro: el anfitrión había asesinado a sus padres horas antes y había dejado los cuerpos en su habitación.
Una noche que parecía normal
Tyler Hadley era un adolescente que tenía antecedentes de consumo de drogas, dificultades en la escuela y una relación conflictiva con sus padres, Blake y Mary-Jo Hadley. Por eso, ellos intentaban imponerle límites, como prohibirle salir de fiesta en algunas ocasiones y, principalmente, negarle la posibilidad de organizar una en su propia casa.
Sin embargo, Tyler tenía otros planes y decidió desafiarlos. Durante la tarde de ese 16 de julio, comenzó a invitar a amigos y conocidos a través de mensajes de texto y redes sociales. Les dijo que sus padres no estaban en casa esa noche y que podían ir sin problema. Rápidamente, la convocatoria escaló a 60 jóvenes aproximadamente.
Para muchos, era una oportunidad ideal: una casa sin adultos, música, alcohol y libertad total.
Antes de enviar las invitaciones, Tyler había tomado una decisión extrema. Según se reconstruyó después, asesinó a sus padres para poder realizar el evento, ya que sabía que ellos no lo dejarían hacerlo. Si bien todo había comenzado como “un chiste”, la realidad es que había planeado todo durante meses. Finalmente, esa macabra idea culminó en haberlos golpeado hasta la muerte con un martillo.
Luego, en un intento de ocultar el crimen, arrastró los cuerpos hasta su habitación y los tapó con distintos objetos y mantas para evitar que alguien los viera. Después, cerró la puerta con llave, decidido a que nadie descubriera lo que había hecho. Al menos no esa noche.
Tras el crimen, limpió las manchas de sangre de la escena, se cambió de ropa y comenzó a preparar la casa para la fiesta. Movió muebles, compró bebidas alcohólicas y snacks, y esperó a que empezaran a llegar los invitados.
Horas después, llegaron alrededor de 60 personas que pasearon por la casa toda la noche. Algunos notaron que había zonas que estaban restringidas o puertas cerradas, pero nadie imaginó la razón. Tyler, mientras tanto, saludaba y charlaba con sus amigos y trataba de mantener un clima de normalidad.
En un momento de la noche, incluso le confesó a un amigo cercano, Michael Mandell, lo que había hecho. Pero el comentario fue tomado como un chiste y no le dio la seriedad suficiente.
La situación empezó a cambiar cuando ese mismo amigo, con el correr de las horas, comenzó a dudar. Algo en la actitud de Tyler era extraño y no cerraba. Todo cambió cuando se dirigió a la habitación de los padres de Hadley y descubrió lo que el joven había hecho. Sin dudarlo, se fue de la fiesta y, afuera de la casa, contactó a la policía.
Cuandos los agentes llegaron al lugar, la fiesta seguía. Había decenas de adolescentes afuera y dentro de la casa. Tyler se mostró tranquilo y aseguró que sus padres se habían ido de viaje.
Sin embargo, los oficiales decidieron inspeccionar la propiedad. En un primer momento, no encontraron nada evidente. Pero la insistencia y la información aportada por Mandell hicieron que profundizaran la revisión.
Finalmente, al ingresar al dormitorio principal descubrieron la escena que Tyler había intentado ocultar. Los cuerpos de Blake y Mary-Jo estaban ahí, totalmente masacrados.
Tyler fue detenido en el lugar y los efectivos desalojaron a los invitados para iniciar las primeras pericias sobre el crimen.
La confesión
Tras su detención, Tyler Hadley terminó confesando el parricidio: explicó que lo había hecho porque quería organizar una fiesta y sabía que sus padres no se lo iban a permitir. También reconoció que había planeado el ataque con anticipación.
Los investigadores encontraron varias pruebas que respaldaban la acusación. Entre ellas, el martillo, rastros de sangre en distintas partes de la casa y testimonios de algunos de los jóvenes que fueron a la fiesta. Muchos de ellos dijeron que Tyler actuaba de manera extraña, aunque no lo suficiente como para sospechar un hecho de tal magnitud.
De esta manera, el caso avanzó rápidamente en la Justicia y conmocionó a la sociedad estadounidense en cuanto se dio a conocer.
Hadley fue acusado de dos cargos de homicidio en primer grado. Durante el proceso judicial, la fiscalía sostuvo que el crimen había sido premeditado y que el móvil estaba directamente vinculado a su deseo de hacer la fiesta.
La defensa intentó argumentar que el joven tenía problemas de salud mental y que su capacidad de comprender la gravedad de sus actos estaba afectada. Sin embargo, el jurado consideró que las pruebas eran contundentes.
En 2014, Tyler Hadley fue declarado culpable y condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.
El año pasado, Hadley, que ya tiene 31 años, dio una entrevista en donde se mostró arrepentido por el crimen de sus padres: “Quisiera volver el tiempo atrás y simplemente no hacerlo. No espero que me crean, pero no tengo idea por qué lo hice; quizás quise detener su dolor y el mío, y nunca más volví a tener ideas violentas”.
Fuente: Con informacion de TN



