
En la ciudad, la idea de que la vejez es una etapa pasiva empieza a quedar atrás. Basta recorrer un centro de jubilados, participar de una clase de gimnasia o acercarse a un taller cultural para ver que cada vez son más las personas mayores que eligen mantenerse activas, no solo por una cuestión de salud, sino también por la importancia del encuentro y la vida en comunidad.
“Yo empecé por recomendación médica y hoy no falto nunca”, cuenta Marta, de 72 años, mientras espera que comience su clase de gimnasia. Como ella, muchos adultos mayores encuentran en estas actividades una rutina que combina movimiento, socialización y bienestar, generando un impacto positivo en su vida cotidiana.
El concepto de envejecimiento activo, impulsado por la Organización Mundial de la Salud, propone optimizar las oportunidades de salud, participación y seguridad a medida que las personas envejecen. En este sentido, especialistas destacan que sostener hábitos activos puede ayudar a prevenir enfermedades, mejorar la autonomía y fortalecer el bienestar emocional.
En la ciudad, una de las principales referencias es el PAMI, que ofrece talleres gratuitos para sus afiliados. Entre las propuestas se encuentran clases de gimnasia, yoga, folclore, estimulación cognitiva y actividades recreativas. Estos espacios no solo promueven el movimiento, sino que también funcionan como puntos de encuentro donde se generan vínculos y redes de contención.
A su vez, el programa PUAPAM acerca propuestas educativas destinadas a adultos mayores en articulación con instituciones locales. A través de cursos y talleres culturales, la iniciativa busca garantizar el acceso al aprendizaje a lo largo de toda la vida, fomentando la participación activa y el desarrollo personal.
Pero más allá de las propuestas formales, los centros de jubilados de distintos barrios cumplen un rol fundamental. Allí se desarrollan actividades físicas, culturales y sociales que permiten a muchas personas salir de sus casas, compartir tiempo con otros y sostener una rutina. “Venimos a pasarla bien, a charlar y a no quedarnos solos”, resume José, jubilado que participa regularmente en uno de estos espacios.
También existen instituciones locales como la Biblioteca Popular Rafael de Aguiar donde los jueves a las 18:00 hs dictan el curso de manejo de celular con el fin de que las personas mayores a sesenta años aprendan sobre aplicaciones, redes sociales y herramientas de seguridad para el manejo correcto y eficiente de dispositivos móviles.
Los especialistas coinciden en que no se trata de realizar grandes esfuerzos, sino de incorporar hábitos sencillos en la vida diaria: caminar, sumarse a un taller o mantener vínculos sociales activos. Estas acciones, aunque parezcan simples, pueden marcar una diferencia significativa en la salud física y emocional.
En ese marco, la ciudad muestra que cuando existen oportunidades concretas, envejecer activamente es posible. La articulación entre organismos, instituciones y la comunidad permite que cada vez más adultos mayores encuentren espacios donde seguir creciendo, aprendiendo y disfrutando de esta etapa de la vida.



