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Ni Un Pibe y Piba Menos Por La Droga

El centro "La Revuelta" asiste a 130 personas con talleres de oficio, atención terapéutica y acompañamiento familiar integral.

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En el barrio San Martín, precisamente en Miguel Rojas 1159, funciona “La Revuelta”, una Casa de Atención y Acompañamiento Comunitario (CAAC). Este espacio es impulsado por el movimiento Ni Un Pibe y Piba Menos Por La Droga, una organización juvenil que entiende que el consumo no es un problema individual, sino social. Actualmente, el centro acompaña a 130 personas a través de un esquema que combina la atención profesional con la formación en oficios y el deporte.

Formación y contención en el territorio

El dispositivo ofrece talleres de soldadura, pastelería, manicura, boxeo y hockey, los cuales funcionan como puertas de entrada para muchos jóvenes. La organización destaca que estos espacios permiten reconstruir proyectos de vida: “Es una forma concreta de producción de oportunidades y de construcción de referentes positivos dentro del mismo barrio“. Un ejemplo de esto es el caso de una joven que comenzó como alumna de hockey y hoy, tras avanzar en su profesorado de Educación Física, es la coordinadora formal del taller.

Además de las capacitaciones, el centro brinda un abordaje terapéutico integral que incluye atención individual y grupal, bajo la órbita de la SEDRONAR. Quienes asisten al

tratamiento también cuentan con servicios de desayuno y almuerzo. La recuperación se piensa desde la participación activa, como ocurre con quienes hoy coordinan la olla popular de los jueves. Sobre este proceso, desde la CAAC señalan: “Parte fundamental de su recorrido no solo tiene que ver con la abstinencia, sino también con poder reconstruir un lugar propio y sentirse protagonista“.

Un abordaje frente al avance del narcotráfico

La problemática del consumo se da en un contexto donde el narcomenudeo gana terreno en los barrios ante la falta de empleo formal. La organización advierte que muchos jóvenes ven en la venta de sustancias una “salida laboral” rápida. Según explican, los mismos chicos lo perciben con claridad: “Hay más lugares donde se vende droga que espacios donde se pueda acceder a un trabajo digno o incluso a necesidades básicas“. Por esta razón, el movimiento insiste en que la respuesta debe ser integral y no solo médica.

Para que el acompañamiento sea efectivo, el rol de la familia es determinante. En “La Revuelta” funciona un grupo de apoyo familiar, sostenido mayoritariamente por madres. “Cuando hay un compromiso familiar, las posibilidades de sostener un tratamiento aumentan significativamente“, afirman desde el equipo interdisciplinario. Ante la complejidad de esta realidad, la institución convoca a la creación de una Multisectorial amplia que involucre a clubes y escuelas, sosteniendo que “la lucha contra las adicciones se vuelve especialmente difícil si no se aborda, al mismo tiempo, el avance del narcotráfico“.

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