Historias

¿Quién recuerda a Los Morgan’s? Pioneros del rock local

Un viaje al pasado para recordar la banda que electrizó a la ciudad en los sesentas.

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De ensayos caseros con cables inventados a un casi contrato en Buenos Aires. La fascinante historia de Mario, Luis, Beto, Juan, Mario y Héctor, los jóvenes del Don Bosco que en 1964 marcaron el rumbo musical de San Nicolás.

Hay fachadas nicoleñas que guardan ecos de otra época, de cuando todo estaba por hacerse. Una de ellas está en la calle Brown 17. Allí, a principios de la década del ’60, la casa que hoy vemos renovada contenía un laboratorio sonoro de pura vanguardia adolescente. Se trataba de los primeros ensayos de “Los Morgan’s”, un grupo de jóvenes estudiantes del Colegio Don Bosco que, movidos por las ganas de expresarse, se convirtieron en uno de los pilares fundacionales del rock nicoleño. Junto a “The Younger’s”, fueron los primeros en atreverse a un sonido que en ese entonces generaba tanto temor como fascinación: el sonido eléctrico.

La formación definitiva que quedó grabada en la memoria colectiva de 1964 incluyó a Mario Figueredo, Luis Ferrieri, Norberto “Beto” Pusterla, Juan Almirón, Mario Carignani y Héctor “Tatín” Pintener. Para entender su audacia, hay que imaginar la precariedad de los medios. Sin equipos profesionales, el ingenio suplía la falta de recursos: conectaban un parlante a una guitarra criolla para que oficiara de micrófono, y todo eso iba a parar al pick up de un combinado viejo. El resultado era un sonido rústico, pero increíblemente parecido al que escuchaban en los discos extranjeros. Incluso el nombre fue fruto de la casualidad y la admiración instrumental; inicialmente pensaron en llamarse “Los Iracundos”, pero al enterarse de que ya existía una banda con ese nombre, adoptaron el de la famosa marca de guitarras eléctricas, “Los Morgan’s”, reafirmando su identidad de pioneros de la amplificación.

El rugido eléctrico y el casi salto a la fama Su repertorio estaba compuesto por los éxitos del momento de “Los Teen Tops”: temas como Presumida, Popotito, Rock de la cárcel, La plaga y Lucila se tarareaban en cada esquina. Para el debut, el temor a un traspié en casa los llevó a Empalme Villa Constitución. Pero el éxito fue inmediato. A partir de allí, iniciaron una carrera meteórica que los llevó a tocar viernes, sábados, domingos y feriados. Clubes, bailes y festivales de San Nicolás y toda la región caían rendidos ante el ritmo frenético. Amplificaban la voz con bocinas de las que se usaban en los parques; no era el mejor sonido, pero era su sonido eléctrico, y la gente enloquecía bailando.

Este fenómeno no habría sido posible sin el apoyo incondicional de sus familias, que no solo toleraban los ensayos, sino que los seguían a muchos de sus shows. Llegaron incluso a tocar las puertas de Buenos Aires, con la posibilidad concreta de firmar un contrato en el canal de televisión ATC. Sin embargo, el destino tenía otros planes: la prioridad de los estudios frenó ese salto nacional. Hoy, gracias al inestimable trabajo de recopilación que nos permite bucear sobre los vestigios nicoleños a través de páginas como San Nicolás Histórico, podemos rendir este merecido homenaje a Los Morgan’s. Ellos no solo hicieron música; electrizaron el ADN cultural de una ciudad.

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