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Soda Stereo: Entre el éxito y el dolor

A 39 años del derrumbe en Highland Road, la tragedia que marcó a San Nicolás revive en el trasfondo de sus canciones más icónicas. Aquella fatídica madrugada de 1987 transformó para siempre la mirada de la banda sobre la fama

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Hay fechas que quedan marcadas a fuego en la memoria de una ciudad, y para San Nicolás, el 3 de mayo de 1987 es una de ellas. Lo que debía ser la fiesta más grande de la década, el encuentro de una juventud vibrante con la banda más importante del continente, se transformó en un luto que todavía camina por la calle Nación. Pero esta historia no solo se trata de escombros y silencio; se trata de cómo ese dolor transformó a Soda Stereo y cómo, años después, una canción como “En la cúpula” terminó reflejando ese aislamiento y esa fragilidad de estar en la cima.

El rugido que se hizo silencio

Esa noche, la discoteca Highland Road rebalsaba. Soda Stereo estaba en su pico de popularidad con el disco Signos. El aire estaba cargado de esa electricidad que solo Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti sabían generar. El show arrancó con “Signos”, pero fue durante la introducción lenta de “Persiana Americana” cuando el destino dio un giro espantoso.

De repente, un estruendo seco. Una torre de iluminación cayó y, casi al instante, un balcón donde se amontonaban unos 200 fanáticos se desplomó sobre la planta baja. Lo que siguió fue el caos: Gritos, oscuridad y un mar de brazos pidiendo ayuda. Gustavo dejó su guitarra a un costado, paralizado por la imagen de ver a su público herido. La banda, lejos de huir, ayudó a subir chicos al escenario para atenderlos en los camarines, convertidos de golpe en una guardia de hospital improvisada.

La tragedia se llevó cinco vidas jóvenes: Miriam, Walter, Gabriel y dos jóvenes llamados Daniel. Fue un golpe de realidad brutal para un grupo que parecía intocable. La Justicia luego confirmaría lo que todos sospechaban: El lugar estaba habilitado para 1500 personas, pero había casi mil más. Soda fue una víctima colateral de la negligencia, pero el peso emocional lo llevaron siempre con ellos, dedicando el álbum Ruido Blanco a esos cinco chicos que solo querían ir a bailar.

El escape del dolor

Pasó el tiempo, pero la herida no cerró fácil. Soda Stereo necesitaba aire, un cambio de piel. En 1988, decidieron grabar su cuarto álbum, Doble Vida, en Nueva York. Querían alejarse de la “Sodamanía” asfixiante que los perseguía en cada esquina de Latinoamérica, una fama que después de lo de San Nicolás se sentía más pesada y peligrosa.

Allí, bajo la guía del productor Carlos Alomar, nació un sonido más frío, sofisticado y urbano. En medio de esos rascacielos nació “Lo que sangra (La cúpula)”. Aunque Cerati siempre jugaba con las interpretaciones de sus letras, es imposible no conectar el sentimiento de esa canción con lo vivido anteriormente.

¿Qué es “La Cúpula”?

La canción habla de estar en lo más alto, observados por todos pero aislados del mundo. “Lo que sangra es la verdad”, dice la letra, y remite directamente a esa exposición mediática brutal que sufrieron tras la tragedia en nuestra ciudad. Estar “en la cúpula” era estar en ese lugar privilegiado pero frágil, donde cualquier movimiento en falso podía terminar en desastre.

Musicalmente, es una obra maestra de tensión. El bajo de Zeta marca un pulso nervioso, como el caminar por el asfalto neoyorquino, mientras los vientos le dan un aire de una gran ciudad. Fue la forma que tuvo Gustavo de procesar la fama:Un lugar donde “nadie sabe bien dónde está”, pero donde el contacto humano y el deseo son lo único que nos mantiene vivos.

Un legado de memoria

Hoy, cuando suena “En la cúpula“, es inevitable pensar en esa noche en Highland Road. La canción se convirtió en un himno de estadios, potente y bailable, pero su origen tiene raíces en la reflexión sobre el éxito y sus riesgos.

Para San Nicolás, Soda Stereo no es solo una banda de rock; es parte de una historia más sensible. Recordar los hechos tal cual pasaron es un acto de justicia para las familias que perdieron a sus seres queridos. Y entender la música que vino después es comprender cómo esos tres músicos intentaron transformar la angustia en arte, bajando de esa “cúpula” para volver a conectar con la realidad, con lo que sangra, con lo que es verdad.

La historia de Soda y San Nicolás, es un recordatorio de que, incluso en las cimas más altas del éxito, somos humanos, somos vulnerables, y lo único que nos salva es la memoria.

 

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