Historias

Luca Massimi: una historia marcada a fuego por los espacios culturales

Criado entre las mesas y los escenarios del bar del teatro, encontró en la cocina, la música y el encuentro con otros una manera de transformar cada experiencia en una forma de expresión

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Luca Massimi, hombre de 38 años con actividades específicas, es el mayor de tres hermanos y cuenta con un amplio currículum ligado a la gastronomía, la música y, en los últimos tiempos, la docencia. Jugó al rugby durante muchos años, hasta que el tiempo y algunas lesiones dijeron basta. También incursionó en el boxeo como una forma de descarga frente a la vorágine cotidiana. Amigo de quien lo considera como tal y performer de todo lo que atraviesa en su vida, alterna su camino entre pasiones, aprendizajes y anécdotas. El bar fue el escenario donde comenzó su “obra”, esa que sigue marcando cada paso más allá de las distancias o de sus diferentes objetivos personales. Actualmente trabaja como docente y en el rubro gastronómico, en una pizzería ubicada en el centro de la ciudad.

El amor por la gastronomía: “Nací y me crié en el bar del teatro debido a que mi abuelo fue el dueño/encargado durante mucho tiempo. A mis 12 años de edad fallece mi papá y mi mamá, por decisión propia, decide encargarse del bar, pasando el mayor tiempo del día allí. El giro inesperado hizo que mi crianza sea en el marco de las actividades del bar, no tuve una infancia normal, pero tuve una de las experiencias más hermosas de mi vida, enriquecí mi cultura por vivir en las actividades del teatro y sus artistas. Empecé en la cocina a los 12 años, siendo uno más con la actividad más básica que se podía hacer, aprendía rápido y me resultaba hermoso ver cómo la gente disfrutaba el poder comer algo rodeado de diferentes expresiones artísticas”.

El espacio único que constituye la cocina: “En primera instancia existe un caos (de los lindos) en el cual tiene que existir una coordinación, dado que es un espacio reducido donde hay muchas personas trabajando, cumpliendo funciones a contrarreloj. El tiempo determina muchas cosas en la cocina y tenés que estar atento todo el tiempo. Desde el punto de vista más abstracto, quizás a través de la cocina puedo expresar cosas que de otra forma no me saldrían. El caos que representa este espacio, sumado a la pasión o las ganas de hacer las cosas bien, hacen que las emociones siempre salgan a la luz y trato de que sea de la mejor manera posible”.

El hermoso misterio: “La cocina es un espacio que tenés que vivir intensamente, el conocimiento más los descubrimientos inesperados que aparecen en el camino hacen que quieras crear cosas y sabores nuevos. Lo que parece una locura dentro de la cocina no lo es, las ideas siempre están, pero de entrada pensás que no funcionarían porque son descabelladas, generalmente sucede lo contrario. Hay que animarse a escuchar a tu instinto y ponerlo en acción”.

La cocina como acción social: “Ingresé al Centro Vasco con la finalidad de aprender euskera sin saber las posibilidades que me iba a presentar. No existe la cocina sin el compartir y es ahí donde también pude aprender y dar lo mejor de mí, cocinar por el simple hecho de ayudar a alguien a cambio de nada, inundaciones, eventos para recaudar fondos, celebraciones, todo fue un aprendizaje más allá de un idioma, es una forma de vida. También tuve la oportunidad de conocer el País Vasco, estudiar y aprender cada instante de esa experiencia inolvidable”.

El “San Martín”, el trago cultural de San Nicolás: “Podría decir que es un trago que tiene más de cien años, lo inventó mi bisabuelo, probablemente ‘copiado’ o extraído desde su época de barman arriba de barcos, consiste en un blend de bebidas que tiene una receta secreta, la fórmula original solamente la tengo yo, aunque existen otras versiones circulando en la ciudad. La popularidad se la dio exclusivamente los ambientes en donde se tomaba, su furor estuvo en el epicentro de la ciudad, lo cual hizo que luego de un siglo se siga hablando de él o se lo recuerde”.

La cocina como forma particular de arte: “Soy fiel a la teoría de que la cocina es arte, dado que toda forma de expresión es arte, quizás en el mundo artístico el cocinero no sea considerado artista, pero en su espacio puede crear emociones o reflejar cómo se siente en determinado momento y eso para mí ya constituye lo esencial de un movimiento artístico y cultural”.

En cada situación sucede algo único y hay que estar preparado de la misma manera, dentro de esa revolución, “Puche” realiza su performance de acuerdo a lo que el momento necesita dependiendo de la ocasión, el “actuar” será distinto, lo único que no cambiará es el deseo de sentir esa adrenalina causada por lo que lo mueve, lo conmueve, lo inspira, lo emociona o simplemente quiere llegar a construir, fomentar o ser. Como diría el maestro supremo de las hornallas: “El viaje te cambia para siempre, aunque estés siempre en el mismo lugar”.

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