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El fugaz laboratorio de Hechos: cuando el personalismo choca contra la realidad

Nació con promesas de arrasar en la Segunda Sección y consignas de gestión renovadora. Menos de un año después, la salida de Pergamino reduce el bloque legislativo y sepulta la ilusión expansionista del clan nicoleño

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El escenario político bonaerense suele ser un terreno hostil para los experimentos de laboratorio que intentan trasladar el teórico éxito de un feudo local hacia el plano seccional.

El caso de Hechos, el sello partidario creado por los hermanos Manuel y Santiago Passaglia para las elecciones de septiembre último, se convirtió rápidamente en un manual de lo que ocurre cuando la ambición de expansión choca de frente con el personalismo y la falta de construcción real.

La fuerza nació con una narrativa potente y cargada de marketing político: “ganarle al kirchnerismo con hechos”.

Vendieron mediáticamente una épica de gestión eficiente, blindada contra las disputas partidarias tradicionales y exportable desde San Nicolás hacia todo el norte de la Provincia. Envalentonados por su hegemonía doméstica, los armadores del espacio llegaron a instalar la promesa de un triunfo contundente en la Segunda Sección Electoral.

Sin embargo, las urnas devolvieron una realidad mucho más modesta: un incómodo tercer puesto que dejó gusto a poco y encendió las primeras alarmas. Ganó el oficialismo en San Nicolás, pero perdieron sus socios Javier Arturo Martínez y Román Luján Bouvier, intendentes de Pergamino y Rojas, respectivamente.

Con el agravante que, en Pergamino, Martínez perdió su primera elección desde que es jefe comunal gracias a Hechos y además Manuel Passaglia obtuvo menos votos los candidatos a concejales de su espacio.

La pomposa incorporación del intendente de Pergamino, y de la diputada María Paula Bustos -exhibida en su momento como el gran trofeo territorial que validaba la proyección de los Passaglia– terminó en un estrepitoso fracaso. Menos de un año después de aquella foto de unidad, ambos dirigentes pegaron el portazo para regresar formalmente a las filas del PRO.

Todo un fiasco. Por esa razón no extraña que el verdadero golpe de gracia no tardó en llegar, exponiendo la fragilidad estructural de una alianza puramente táctica. O mejor dicho, de cartón pintado.

Detrás de esta ruptura no hay un mero desacuerdo programático. Existe un cuestionamiento directo a la matriz de conducción nicoleña. Desde el entorno pergaminense se encargaron de visibilizar el fuerte “personalismo” y la centralización asfixiante de las decisiones que imperaba en el espacio.

El esquema de poder cerrado, que funciona con precisión quirúrgica dentro de los límites de San Nicolás, demostró ser un pésimo aglutinador a la hora de tratar con pares de peso específico propio en la región.

A Martínez, un cacique territorial clave cobijado por el andamiaje amarillo, no se lo podía conducir a control remoto.

Las consecuencias institucionales de este desplome son inmediatas y contundentes. De los tres diputados provinciales que el espacio logró conseguir en la Legislatura bonaerense, hoy solo quedan dos: el propio Passaglia e Ignacio Mateucci. El bloque quedó reducido a su mínima expresión local, perdiendo volumen político, capacidad de negociación y, fundamentalmente, la credibilidad necesaria para presentarse como una alternativa opositora competitiva en la Provincia de Buenos Aires.

El experimento de Hechos deja una lección repetida pero pocas veces aprendida en la política argentina: los liderazgos locales que se muestran exitosos en algunos aspectos no se replican por ósmosis ni se imponen por decreto centralista en los distritos vecinos y mucho menos en la Segunda Sección. Al intentar redefinir el tablero frente al avance de nuevas fuerzas como La Libertad Avanza y las tensiones del macrismo, el passaglismo pretendió saltar etapas sin construir consensos horizontales.

Hoy, con la fuga de Pergamino y el repliegue legislativo, el relato de la renovación seccional -soñando con menear algo en la Provincia- quedó sepultado bajo el peso de sus propios errores de conducción.

En última instancia, el colapso del armado de Hechos desnuda una verdad incómoda. La soberbia política y el secreto entre cuatro paredes tienen patas cortas fuera del feudo propio. Intentar proyectar poder mientras se acumulan denuncias por enriquecimiento ilícito y lavado de activos no es solo una audacia, es una ceguera estratégica. En una sociedad que empieza a exigir rendición de cuentas, pretender la perpetuidad en el poder mediante el centralismo asfixiante y la falta de transparencia ya no construye futuro, solo pavimenta el camino hacia un inevitable y solitario aislamiento como anuncio de la noche que acecha.

Fuente: Imagen creada con IA

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