
En diálogo con COSA CIERTA, Romina Regalado confesó que la música es mucho más que una profesión; es una forma de expresar lo que siente, de enseñar y de acompañar a otras personas en su crecimiento. A lo largo de los años construyó un camino como cantante, docente y directora del Coro Allegro, convirtiéndose en una referente de la actividad musical en San Nicolás. Detrás de cada presentación y de cada clase hay una historia de esfuerzo, decisiones importantes y una pasión que terminó marcando su vida.
Fuera de la música, se define como una mujer de familia, es mamá de una adolescente, esposa y también disfruta del folclore y el tango como bailarina. Además, tiene una pasión por las antigüedades y todo lo relacionado con el estilo vintage. Aunque hoy su vida gira alrededor de la música, cuenta que en su casa no había antecedentes de músicos. “Soy la única en la familia que se dedicó a la música, solo recuerdo que mi mamá escuchaba un casette de Selena”, relató. Años después descubrió otro detalle que la une al mundo artístico: Su papá eligió llamarla Romina por la cantante italiana Romina Power.
Su primer recuerdo musical también nació en una escuela y fue durante un acto de la primaria, cuando cantó “Que se vengan los chicos”, sin embargo, el momento que terminó cambiando su rumbo llegó durante la secundaria, mientras integraba el coro del Colegio Nacional dirigido por Gonzalo Martín. Esa experiencia despertó una inquietud que con el tiempo se transformó en vocación.
Al terminar la escuela comenzó a estudiar Abogacía, pero la música seguía ocupando cada vez más espacio en su vida y paralelamente ingresó al coro del teatro y decidió empezar a estudiar de manera formal. Finalmente tomó una decisión que cambió su futuro: “Dejé la Abogacía en tercer año y me pasé al estudio de la música. Increíble, pero real”, recuerda. También asegura que nadie la impulsó a hacerlo, sino que fue un descubrimiento personal, de todos modos, destaca el apoyo permanente de su esposo, a quien considera un pilar fundamental en cada proyecto artístico y académico que emprende.
Como toda carrera, el camino también tuvo sacrificios y el principal fue encontrar el equilibrio entre el crecimiento profesional y la crianza de su hija Alma. Entre los momentos más importantes de su recorrido destaca la creación de su escuela de canto y el nacimiento del Coro Allegro, un proyecto que este año celebra diez años de historia.
La docencia ocupa un lugar tan importante como el escenario, y según cuenta Regalado, enseñar es una verdadera vocación y una herramienta para transformar la vida de las personas. “La docencia es mi vocación y pasión, veo en la educación una herramienta para transformar. Disfruto mucho mi rol y el vínculo con los alumnos”, afirma. Explica que lo que más disfruta es acompañar el proceso de cada estudiante y ver cómo la música logra emocionar, conectar y generar confianza.

Al mismo tiempo, asegura que también aprende todos los días de quienes pasan por sus clases. “Aprendí a ser más simple y a valorar cada progreso, por más mínimo que sea. Enseñar es aprender juntos todos los días”, sostiene. Entre las historias que más la marcaron recuerda a un alumno que tenía problemas de conducta en otras materias, pero que encontraba en la música un lugar donde podía expresarse. También menciona el caso de una alumna a quien le habían dicho que nunca podría afinar y después de un año de trabajo constante logró hacerlo. “Eso me enseñó que como docentes también acompañamos emociones y que cada estudiante necesita su tiempo para encontrar su mejor versión”, expresó a COSA CIERTA.
Para ella, el verdadero éxito no está en una nota perfecta “Cuando veo crecer a un alumno, animarse, expresarse o superar el miedo, siento que mi misión como docente fue cumplida. Para mí el éxito no es la nota diez, es verlos mejor como personas.”
Sobre la enseñanza musical, considera que la tecnología abrió nuevas posibilidades gracias a aplicaciones, videos y clases virtuales, aunque cree que hay aspectos que nunca podrán reemplazarse. “La tecnología suma, pero el vínculo humano no se reemplaza, necesitamos el cuerpo presente, el oído afinándose con el otro y la voz probando”, señaló. En la misma línea, sostiene que la música debería tener más espacio dentro de las escuelas porque ayuda a desarrollar la escucha, la memoria, la concentración, el trabajo en equipo y la autoestima.
Cada vez que sube a un escenario, reconoce que aparecen los nervios, pero también una sensación especial “Soy un nuevo personaje que tiene una historia para contar a través de la voz”. Uno de los momentos más emocionantes de su carrera ocurrió hace poco en el Teatro Municipal, cuando interpretó Panis Angelicus junto a la Orquesta de Lito Vitale y el Coro Municipal.

Entre las canciones que más disfruta interpretar menciona “Qué tango hay que cantar”, una obra que comparte con su esposo y que incluso tiene un coro realizado por Juan Carlos Migliaro para el Coro Allegro. Además, reconoce que el mayor desafío como cantante no pasa solamente por la técnica. “No es solo afinar, es poder transmitir lo que dice la canción para que le llegue al otro. Eso requiere estudio, cuerpo, oído y también vulnerabilidad.”
Su presencia frecuente en actos escolares también tiene una explicación, y lejos de verlo como una obligación considera que esos espacios permiten que los alumnos muestren el trabajo realizado y ganen seguridad frente al público. “Es una oportunidad para mostrar lo que hacen los estudiantes y para que se animen a presentarse en público”, afirmó.
Como directora de un Coro, compara su trabajo con el de un artista que crea una obra desde cero: “Cada voz es un color distinto y entre todos pintamos una canción”. Aunque reconoce que dirigir un coro exige mucho trabajo diario, estudio y paciencia, asegura que lo mejor está en el grupo humano que se forma con el paso del tiempo. “Un coro no es solo cantar, es una familia. Cuando todas esas voces suenan juntas es como crear una obra de arte.”
Este año el Coro Allegro celebrará su décimo aniversario con un encuentro que se realizará el 15 de agosto en el Salón del ITEC, el objetivo es llegar a ese concierto con el mejor nivel posible y seguir creciendo como grupo.
Pensando en el futuro, le gustaría compartir escenario con Valeria Lynch, Sandra Mihanovich o Natalia Giménez. Y cuando habla del legado que espera dejar, no menciona premios ni reconocimientos, prefiere hablar de valores, quiere que sus alumnos entiendan la importancia del estudio, del respeto y del trabajo con pasión. Como cantante, espera transmitir que una canción no solo se canta, sino que también se interpreta y se comunica “Si logro que entiendan que la música sirve para decir algo y para conectar con los demás, ya me doy por satisfecha”, concluyó.


