
La relación de Francisco García con la medicina comenzó desde chico. Es hijo de un pediatra y neonatólogo, y sus recuerdos se basan en guardias disfrutando de la compañía de su padre, lo cual hizo que, años más tarde, decidiera estudiar Medicina, una profesión que considera su pasión.
Es cardiólogo, también trabaja en terapia intensiva y, además, forma parte de un centro de medicina estética llamado “Solifht”, junto con su padre y su tío. Actualmente comenzó la especialización en Medicina Legal y Forense.
El rugby fue un refugio en su vida y allí encontró amigos de toda la vida. Con algunos de ellos creó la marca de gin “La Elisa”, que tuvo una buena aceptación en la comunidad de San Nicolás.
Durante su época de estudiante en Rosario adoptó la pasión por Newell’s Old Boys, el club del que es hincha. Aunque no pueda ir a la cancha por sus otras actividades, se hace un hueco en sus horarios para alentarlo cada vez que juega, esté donde esté.
Un profesional con todas las letras que sigue armando su camino acompañado, sin olvidar a cada persona que le brindó una mano y dentro de un marco familiar sostenido por la presencia, los consejos y la cotidianeidad.
La rutina inexistente: “Hago lo que me apasiona, pero trato de que todos los días sean distintos. Por eso trato de estar en diferentes espacios: un consultorio, una clínica, una universidad, siempre con el motor de la medicina a flor de piel, buscando nuevos conocimientos y tratando de que los días no sean iguales. La curiosidad y mi inquietud también forman parte de mí para vencer a la rutina, que a veces se hace bastante cansadora”.
El nacimiento del gin “La Elisa”: “El gin era una bebida que consumíamos generalmente en los asados con mis amigos e hicimos nuestro gin propio para esos encuentros. A medida que la gente lo probaba, nos decía que debíamos comercializarlo y ahí empezamos a pensarlo como una empresa. Se ideó absolutamente todo y logramos ser la primer destilería en la ciudad. ”Comenzó siendo una apuesta que después terminó yéndose de las manos. Hoy en día ya no formo parte de eso, no por una cuestión económica, sino porque no tengo el tiempo para dedicarle a ese proyecto como se merece. La aceptación por parte de la comunidad siempre fue increíble y espero que continúe por mucho más”.
La vida y el rugby: “Eso claramente fue mi vida. Jugué 15 años, más o menos, a ese hermoso deporte. Me enseñó muchísimos valores, me brindó amigos que siguen hasta el día de hoy, conocí muchos lugares y ciudades, pude percibir el espíritu de los conceptos que te enseña un club en cada lugar que me encontraba. ”Además, fue mi lugar de contención al momento de la separación de mis viejos. Fue el espacio donde iba a descargar todo lo que sentía, al punto de convertirse en un pilar para todo lo que me tocaba vivir o afrontar”.
La influencia familiar: “Mi carrera en la medicina arranca con la cardiología, trabajo en terapia intensiva y luego el barco comenzó a virar para el lado de la estética, rubro en el cual mi padre está hace más de 30 años. Primero empecé con una especialización en la materia para después de dedicarme de manera simultánea con la cardiología. ”La estética parece ser un rubro que jamás termina. Cuando comencé a trabajar en este rubro, al principio parecía que era un sector específico de la población y, años más tarde, comenzó a mutar al punto de que cualquier persona puede acceder y abarca ambos sexos y diferentes franjas de edad. Todavía no es consumo 50 y 50, pero poco a poco se van acercando”.
Las consultas estéticas frecuentes en su trabajo: “Hago todo el trabajo de consultorio. Son tratamientos que comienzan y terminan en el día, nada de operaciones de por medio. Existen quizás tratamientos un poco más invasivos, pero que no te impiden continuar con tu día normalmente. Se trabaja todo con materiales inyectables y generalmente son vinculados a la reducción de liposidad”.
El amor rojo y negro: “Soy hincha de Newell’s. No soy aquel que va disfrazado por la calle, pero sí el que no se pierde ningún partido del equipo. En mis años de estudiante en Rosario, tuve un compañero que me llevó a la cancha junto a su familia y, desde ese momento, nunca me pude separar. Es más, a veces iba a la cancha con su familia y mi compañero no iba. ”Toda pasión, o la mayoría, tiene su lado inexplicable. Esta es un claro ejemplo. Te diría que fue algo que adopté para mi vida o ella me adoptó a mí”.
El camino de Pacota está marcado por la claridad que brindan los valores. Ser persona antes que profesional fue su principal misión para llegar a la posición que ocupa actualmente. El acompañamiento recibido en diferentes momentos y lugares de su vida fortaleció la integridad con la que hoy disfruta cada instante. La familia, los amigos y los proyectos pueden parecer una combinación sencilla, pero es más difícil de lo que parece. Los caminos, los objetivos y la vida pueden cambiar, pero hay calidad humana de sobra y, con eso, parte de la misión está cumplida.


