Historias

Tiene parálisis cerebral, fue elegido para arriar la bandera y una maestra encontró la manera de incluirlo en el acto

Valentino tiene seis años y usa una silla de ruedas postural. Durante un evento escolar, una docente adaptó un detalle de la ceremonia para que pudiera participar como cualquier otro alumno. Su mamá contó por qué ese momento quedó para siempre en la historia de la familia.

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A veces, un gesto sencillo puede tener un significado enorme. Así lo vivió una familia de Tucumán cuando una maestra encontró la manera de que Valentino, un alumno con discapacidad, pudiera participar del arriamiento de la bandera argentina en su escuela.

Valentino tiene seis años, asiste al Colegio de la Santa Cruz y tiene parálisis cerebral infantil, una condición que afecta principalmente su motricidad y el habla. Usa una silla de ruedas postural y necesita asistencia para realizar sus actividades cotidianas.

Sin modificar el protocolo del acto, la docente apoyó la bandera sobre los brazos de Valentino para que pudiera sostenerla junto a un compañero y participar del momento para el que había sido elegido.

Arantxa Olmos Salgado, la mamá de Valentino, recordó la emoción que sintieron al ver la escena: “Fue algo que jamás vamos a olvidar”. El gesto fue mucho más que una demostración de empatía, sino que también representó la posibilidad de que su hijo ejerciera un derecho y participara de la ceremonia como cualquier otro alumno.

Un acto que emocionó a todos

Todo comenzó unas semanas atrás, cuando Valentino fue seleccionado para arriar la bandera en su colegio. En la institución, ese reconocimiento está reservado para los alumnos que se destacan por sus notas y su desempeño escolar. “Para nosotros fue un orgullo enorme que lo hubieran elegido”, destacó Arantxa.

Durante la ceremonia, mientras los alumnos cantaban Saludo a la Bandera, llegó el momento de arriarla. Valentino no podía bajarla por sí solo, por lo que una docente de primer grado tuvo una idea sencilla: apoyó la bandera sobre sus brazos para que pudiera sostenerla junto a un compañero.

La escena superó todas las expectativas de la familia. “Fue algo que jamás vamos a olvidar. Como mamá, me atravesó por completo. Después de todo el camino recorrido desde que nació, verlo ahí participando con tanta naturalidad se convirtió en un recuerdo que voy a guardar por siempre”, expresó Arantxa.

Para la mamá de Valentino, la escuela no modificó el acto por la presencia de su hijo, sino que encontró una manera de incluirlo dentro del protocolo. “No cambiaron el acto, no hicieron algo distinto porque estaba él. Simplemente, encontraron una manera de que pudiera participar”, explicó.

La familia sabía que Valentino había sido elegido, pero desconocía cómo resolverían ese momento. “Cuando vimos a la seño nos emocionamos muchísimo. Fue una adaptación tan natural que casi pasaba desapercibida”, relató Arantxa.

Todos participan

Valentino llegó al Colegio de la Santa Cruz porque su hermana mayor ya asistía allí. La familia buscaba que pudiera compartir su infancia con otros chicos y formar parte de la vida escolar. “Nuestro mayor deseo era que pudiera crecer compartiendo una infancia plena junto a sus pares”, señaló su mamá.

Valentino fue el primer alumno con parálisis cerebral que recibió la institución. La situación generaba incertidumbre tanto para la familia como para la escuela, pero encontraron una forma de avanzar juntos.

“Generaba incertidumbre de ambos lados, pero desde el primer momento vimos algo mucho más importante que la experiencia: encontramos personas con ganas de escuchar, aprender y preguntarnos”, contó Arantxa.

Según explicó, la escuela nunca le negó la posibilidad de estudiar ni de participar de las actividades. Por el contrario, fueron buscando alternativas de acuerdo con sus necesidades.

“Siempre buscaron la manera de que él participara, respetando sus tiempos y necesidades, pero sin dejarlo al margen de la vida escolar”, describió.

“Lo vivimos con una gratitud inmensa”

El acto no solo incluyó a Valentino, sino que emocionó a todo su núcleo familiar: “Como familia lo vivimos con una gratitud inmensa. Todos estábamos profundamente emocionados”.

Para ella, lo ocurrido fue mucho más que una escena emotiva. Representó la posibilidad de que Valentino se sintiera parte de su grupo y compartiera con sus compañeros un reconocimiento que había recibido por su desempeño escolar.

“Nuestra vida está atravesada permanentemente por desafíos, entonces este tipo de momentos tienen un valor inmenso y este fue uno de ellos. Lo vimos participar, sentirse parte y compartir el honor con sus compañeros”, explicó.

Arantxa también destacó la importancia de que su hijo pudiera ser reconocido por quién es y no por su discapacidad. “Creo que todas las familias que tenemos un hijo con discapacidad soñamos con esto: que primero vean al niño y después el diagnóstico. Ese día Valentino no fue ‘el nene con parálisis cerebral, con discapacidad motriz’, fue el alumno que arrió la bandera”, sintetizó.

Una escuela inclusiva

Para su mamá, el video del acto no solo muestra un momento emotivo, sino que también puede servir para que otras instituciones se animen a recibir alumnos con discapacidad. Antes de llegar al colegio de la Santa Cruz, la familia atravesó un largo recorrido y recibió muchas respuestas negativas.

“Ellos tampoco tenían todas las respuestas ni todas las adaptaciones que Valen necesitaba. Era el primer alumno, pero no fue motivo para decir que no. Fuimos construyendo juntos”, afirma Arantxa.

Para la mamá de Valentino, esa es una de las principales enseñanzas que deja la historia: la inclusión no requiere tener todas las respuestas desde el primer día, sino la voluntad de buscar soluciones y aprender en el camino: “La inclusión no empieza cuando la escuela tiene todo resuelto, sino cuando existe la decisión de abrir la puerta y decir: ‘Aprendamos juntos’”.

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