A más de un año de las próximas elecciones generales, el passaglismo parece decidido a mantener activa su maquinaria política y comunicacional. La agenda electoral se filtra en cada aparición pública y en cada publicación en redes sociales, incluso cuando el escenario elegido exige hablar de gestión, inversiones y desarrollo.
En ese contexto, el intendente de San Nicolás, Santiago Passaglia, participó de un foro organizado por el Grupo Clarín en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), donde expuso sobre las estrategias que implementan los gobiernos municipales para atraer inversiones privadas.
El escenario era, en principio, una oportunidad para explicar qué políticas puede desarrollar un municipio para generar empleo, facilitar la radicación de empresas y brindar previsibilidad a quienes deciden invertir. Sin embargo, el discurso del jefe comunal adquiere una particularidad cuando se lo contrasta con algunas de las decisiones adoptadas por su propia administración en San Nicolás.
Durante su intervención, Passaglia sostuvo: “Cuando un Municipio da garantías, elimina tasas absurdas y pone orden, la confianza vuelve y las inversiones llegan solas”.
La frase podría funcionar como una definición de política pública. El problema aparece cuando se la contrasta con la experiencia de empresas que ya están radicadas en San Nicolás, generan empleo y mantienen vínculos económicos con la ciudad.
Del discurso a la realidad
Uno de los casos que pone en tensión el discurso oficial es el conflicto que el Municipio mantiene con MoviPort S.A. y Casport, empresas vinculadas al empresario y concejal Federico Chouhy.
Las decisiones administrativas adoptadas contra esas firmas derivaron en una disputa judicial y pusieron en riesgo la continuidad de actividades que involucran a cientos de trabajadores y sus familias.
Más allá de las diferencias políticas que puedan existir entre el Ejecutivo municipal y el dirigente opositor, la pregunta que queda planteada es si un municipio realmente está generando “garantías” cuando una empresa radicada en su territorio debe recurrir a la Justicia para defender la continuidad de sus operaciones.
La situación tampoco es un episodio aislado. Tiempo atrás, una controversia con la empresa nicoleña Luciano S.A. también terminó en los tribunales, en el marco de una discusión relacionada con la situación tributaria de un inmueble.
El problema, entonces, no se reduce a una empresa puntual. La cuestión de fondo es qué mensaje reciben quienes ya invirtieron en San Nicolás cuando deben enfrentar conflictos administrativos, tributarios o judiciales con el propio Estado municipal.
Porque atraer inversiones no consiste solamente en convocar empresarios desde un escenario porteño. También implica generar previsibilidad para quienes ya están invirtiendo, produciendo y dando trabajo en la ciudad.
La paradoja de las “tasas absurdas”
Otro de los conceptos utilizados por Passaglia merece una mirada particular. El intendente habló de eliminar “tasas absurdas” como condición para recuperar la confianza de los inversores.
Sin embargo, para numerosos comerciantes y pequeños emprendedores nicoleños, la presión tributaria municipal constituye desde hace años una preocupación concreta.
Los costos se acumulan mientras quienes sostienen comercios y emprendimientos deben afrontar periódicamente distintos tributos y tasas para mantener sus actividades. Y esa carga adquiere otra dimensión cuando los contribuyentes no perciben una contraprestación acorde con los servicios que esperan recibir.
La seguridad es uno de los ejemplos más evidentes.
Durante los últimos días, distintos episodios de vandalismo y robos en el microcentro volvieron a generar preocupación entre comerciantes y vecinos. La situación alimenta los cuestionamientos sobre la eficacia de los sistemas de monitoreo y, fundamentalmente, sobre el destino de los recursos que el Municipio recauda.
Si el argumento es que reducir impuestos genera confianza, también resulta razonable preguntar qué confianza produce una estructura tributaria que exige cada vez más mientras persisten problemas básicos que afectan a quienes trabajan y producen.
La moto compactada y el “circo”
En medio de su exposición, Passaglia también utilizó uno de los recursos comunicacionales que se convirtió en marca registrada de la gestión: la exhibición de una moto compactada.
El intendente mostró el rodado como parte de una puesta en escena que luego trasladó a sus redes sociales, en una estrategia que busca instalar en la discusión provincial una política vinculada con la compactación de vehículos.
El recurso, sin embargo, generó críticas entre vecinos que consideran que existen problemas más urgentes para mostrar como resultado de gestión.
En las redes sociales aparecieron cuestionamientos como: “Lo felicito, pero ya está, de lo único que habla”; “Siempre circo, pero seguridad y los barrios un desastre”; “¿Qué empresas traés y cuántos puestos de trabajo genuinos trajiste a San Nicolás?”; y “Seguridad y venta de drogas, a eso tenés que apuntar, no a una moto compactada”.
Más allá de la discusión sobre una publicación puntual, esos comentarios expresan una demanda que el poder político no debería ignorar: menos puesta en escena y más respuestas concretas.
La confianza se construye puertas adentro
La contradicción central queda expuesta. El intendente sostiene ante empresarios que un municipio debe ofrecer garantías, previsibilidad y reglas claras para atraer inversiones. Pero quienes ya apostaron por San Nicolás necesitan comprobar esas mismas condiciones en la práctica.
No alcanza con hablar de confianza en un foro empresarial. La confianza se construye con decisiones previsibles, instituciones que funcionen, reglas iguales para todos y un Estado municipal que no convierta las diferencias políticas en conflictos con quienes generan empleo.
San Nicolás necesita inversiones, empresas, comerciantes y trabajadores. Necesita seguridad y también una administración pública eficiente. Necesita, en definitiva, condiciones para que producir sea una oportunidad y no una carrera de obstáculos.
Por eso, la pregunta que queda después del discurso de Passaglia es sencilla: ¿qué mensaje recibe un empresario que escucha al intendente pedir confianza mientras observa lo que ocurre con quienes ya invierten y trabajan en San Nicolás?



