Historias

Karina Figueroa, una bomba de la cultura nicoleña

La artista repasó su trayectoria, sus comienzos en los escenarios, las dificultades que atravesó por su identidad y el crecimiento de Las Bombas Nicoleñas, el grupo que se convirtió en una presencia reconocida de la cultura local

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Karina es una de esas artistas que construyeron su camino con insistencia, trabajo y una personalidad que nunca estuvo dispuesta a pasar desapercibida. Mucho antes de que “Las Bombas Nicoleñas” se convirtieran en un nombre reconocido en San Nicolás, ya existía una mujer que soñaba con los escenarios y que desde chica, estaba convencida de que podía transformar esos sueños en realidad.

En dialogo con COSA CIERTA, contó que se define como una persona “muy optimista y sentimental”, alguien que siempre creyó en aquello que imaginaba. Desde su infancia tuvo la capacidad de proyectarse hacia adelante y pensar en objetivos que con el tiempo fue consiguiendo. Su historia dentro del arte comenzó en 2012, cuando tuvo su primer contacto con un escenario al participar de la elección de la Reina Trans de la ciudad. Aquella noche quedó guardada como uno de los primeros recuerdos importantes de una trayectoria que todavía tenía mucho por delante.

El arte siempre estuvo presente en su vida, le gustaban sus distintas expresiones y a medida que fue creciendo, empezó a descubrir que no se trataba solamente de un interes, sino de una verdadera pasión. Sus primeros trabajos en San Nicolás llegaron de la mano de los shows y de su amiga Paloma, a quien reconoce como una persona fundamental en esos comienzos. Después llegó una oportunidad inesperada durante unas vacaciones en Mar del Plata: Participó de un juego de baile, ganó y fue convocada para integrar su primera temporada teatral.

Aquella experiencia también tuvo consecuencias en la ciudad, cuando su participación en el teatro le permitió hacerse más conocida y comenzar a recibir nuevas propuestas para realizar shows. Así, lo que inicialmente podía parecer una actividad más fue transformándose poco a poco en una profesión y en un espacio desde el cual Karina comenzó a construir su identidad artística.

Una historia atravesada por la diversidad

El camino de Karina también estuvo marcado por su experiencia como persona trans, según cuenta, desde pequeña sabía que se sentía diferente, aunque en aquella etapa todavía no tenía las herramientas para comprender completamente lo que le ocurría ni para ponerlo en palabras.

“Desde mi infancia supe que era distinta”, recuerda. Y reconoce que crecer y atravesar ese proceso no siempre resulta sencillo, tanto para quien lo vive como para las familias que muchas veces tampoco saben cómo acompañar determinadas situaciones.

En su caso, hubo algo que permaneció intacto: Su carácter, Karina se define como una persona rebelde y asegura que nunca dejó que la mirada ajena determinara quién quería ser. Desde chica entendió que pertenecía a una minoría, pero también decidió que quería hacer algo para cambiar esa realidad en el lugar donde había crecido.

En ese proceso, el arte tuvo un papel central: Para Karina, crear y actuar fueron también una forma de refugio y de expresión. “El arte siempre sana, es el refugio para los artistas”, sostiene. Durante su transición, ese espacio fue fundamental para construir la persona que es actualmente.

Sin embargo, el recorrido estuvo lejos de ser sencillo. Como muchas personas trans, también sintió que su identidad podía convertirse en una barrera para conseguir oportunidades. La falta de posibilidades laborales fue uno de los momentos más duros de sus primeros años.

Karina recuerda especialmente la contradicción que atravesó al intentar acceder a un empleo,  tenía estudios y un título, pero aun así se encontró muchas veces con puertas cerradas. En ese contexto, la prostitución terminó siendo una salida que encontró para poder subsistir.

“Era, o sigue siendo una hipocresía”, plantea al recordar aquellas situaciones. Según cuenta, en la calle podía escuchar que le reclamaban que se buscara “un trabajo como la gente”, mientras que cuando ella intentaba hacerlo y presentaba un currículum, aparecía el prejuicio: “Anda a la esquina, ese es tu lugar”.

 

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