Historias

Daniel Vercelli: “El arte siempre estuvo en mi corazón; solo me faltaba encontrarlo”

Daniel Vercelli dejó atrás el legado familiar ligado al transporte y encontró en los escenarios el camino artístico que buscaba construir

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Daniel Vercelli proviene de una familia de inmigrantes italianos que, dadas las circunstancias y oportunidades, construyó una vida laboral en torno al transporte. En ese ambiente, completamente ligado a los “fierros”, él, en lugar de pedir como regalo una pista de autos de juguete, quiso un grabador. Fue allí donde comenzó a manifestarse su espíritu artístico, como un indicio de que posiblemente no seguiría aquel mandato familiar, sino que construiría su propio camino.

Fue estudiante de Derecho y cursó hasta tercer año en una facultad de Rosario. La calle se convirtió en un espacio donde el arte y el estímulo de algún que otro amigo lo llevaron a explorar su faceta artística, al punto de iniciar los estudios correspondientes y convertir esa actividad en la principal de su vida.

Su experiencia en el ámbito amateur contribuyó a su formación como artista hasta que, en 2007, audicionó para “Drácula”, de Cibrián-Mahler, y fue seleccionado para integrar la obra. De esa manera, dejó atrás la etapa aficionada para sumergirse en el mundo profesional.

Participó en varias producciones de la reconocida dupla y acompañó con su voz distintos espectáculos de Ángel Mahler.

En la actualidad volvió a encontrarse con la obra que le dio enormes satisfacciones, al protagonizar “Drácula, el musical”, la adaptación realizada por la compañía de teatro Déjalo Ser para celebrar sus 15 años de trayectoria.

La aparición del arte en su vida: “Yo siento que el arte siempre estuvo en mi corazón; solo me faltaba buscarlo y encontrarlo. Nunca tuve ningún tipo de acercamiento, compromiso o herencia relacionados con el arte; sin embargo, sabía que estaba ahí y confié en mi instinto, persiguiendo lo que el arte tenía para mí”.

La emoción que nutre al artista: “En todo lo que hago encuentro emoción: cuando me pongo a estudiar el libreto de un musical, cuando preparo una canción nueva o vuelvo a interpretar una que ya hice mil veces, y cuando continúo capacitándome en mi técnica vocal. El escenario también es un gran provocador de emociones. Me siento cómodo y emocionado con todo lo que el arte me ofrece y recomiendo que lo experimenten en cualquiera de sus formas”.

El reencuentro con “Drácula”: “Fue mi primer gran musical, el que me permitió dar un salto de calidad y estar arriba de un escenario con artistas por los que tengo una enorme admiración y respeto. En varias oportunidades participé en la obra de Cibrián-Mahler en el personaje de Jonathan Harker. Hoy, en la adaptación de Déjalo Ser, interpreto a Drácula, un papel que, además de llenarme de emoción, representa un desafío enorme para mí desde lo vocal, lo actoral y para mi carrera, dado que lo consideraba una asignatura pendiente. La visión y la búsqueda de profundidad por parte de los directores, sumadas a lo que uno puede aportar, hicieron que el personaje esté a la altura de la obra”.

El granito de arena para el mundo: “Pienso en la pasión y en la comprensión como granitos de arena para dejarle al mundo. La relación entre la locura y el logro de los sueños también me identifica. En ese proceso, si no molestás a nadie y tenés acciones nobles, podés lograrlo todo; solo hay que proponérselo”.

El orgullo supremo que marca la forma especial del arte: “Mi gran orgullo no se desprende de quién soy como artista; mi gran orgullo es ser papá y haber conformado una familia hermosa. Son tiempos difíciles para las relaciones humanas, pero el tiempo, la educación y los valores que dediqué a formar una familia hacen que sea mi mayor orgullo. Desde lo artístico, sin lugar a dudas, mi orgullo pasa por haberme tirado a la pileta para hacer algo tan opuesto a lo establecido. Nunca pensé que iba a poder y sentí miles de miedos. Pensar que sos ‘de otro palo’ y que no te podés dedicar a eso siempre jugó en contra, acompañado por el autoboicot permanente. Sin embargo, logré sobreponerme a todo eso y construir un camino del cual siento mucho orgullo, pero ser papá pesa mucho más”.

Existe cierta prestancia intermitente por parte del alma, capaz de lograr aquello que se considera imposible. La intermitencia se ocasiona, desafortunadamente, por el autoboicot de no creer en la capacidad que se tiene. Una vez comprendido ese accionar, todo es más armonioso y disfrutable; solo resta comprender cómo funciona el alma a través del arte.

Ese accionar, Daniel, lo comprendió transitando primeramente la autogestión para luego llegar a los grandes escenarios junto con personas que marcaron la historia de la cultura de nuestro país. A su vez, contribuyó a que la compañía de teatro local más importante estuviese a la altura de los grandes eventos, dejando una huella histórica en la ciudad.

El arte puede marcar muchas vidas, tanto como comunidades, países y regiones. Para generar memoria emotiva en otros, primero tenés que entender de qué estás hecho, y Daniel, en su desafío de transitar un camino distinto del planteado, lo entendió. El arte jamás juega de tu lado si no sos persona primero.

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