
El camino de la música en la vía pública
Las calles céntricas nicoleñas cuentan desde hace una semana con la presencia de Mateo Flores, un joven de 23 años oriundo de Salto que encontró en la guitarra y la vía pública su principal medio de vida. Tras abandonar un trabajo formal a los 20 años debido a las fuertes presiones laborales, decidió emprender un camino artístico a pulmón comenzando por Chacabuco. Hoy, recorre puntos estratégicos locales como lasiempre concurrida calle Mitre (frente al supermercado Carrefour), la histórica Plaza Mitre y la intersección de las calles Cochabamba y Savio, brindando un repertorio de baladas. Su historia refleja la crudeza de trabajar en la calle, enfrentando prejuicios diarios, pero también destaca la calidez de los transeúntes que se detienen a escuchar su mensaje de resiliencia y esfuerzo constante.
La voz de un artista
—¿Quién es Mateo Flores?
—Soy un hombre que decidió salir a trabajar y cambiar la realidad de su entorno. A la vez, soy muy callado y a veces me cuesta expresarme de la mejor manera. Nací y me crie en Salto, y desde hace una semana me estoy buscando el peso acá en San Nicolás.
—¿Cuántos años tenés y cuándo arrancaste con la música?
—Tengo 23 años y mis inicios con la música fueron a los 12.
—¿Qué tipo de música tocás?
—Toco baladas y música melódica; es un repertorio bastante variado. Todo este estilo llegó a mí a través de lo que escuchaba de otros artistas y de las influencias de mi propio entorno.
—¿Cómo y cuándo decidiste empezar a tocar en la calle?
—Empecé a los 20 años. La primera ciudad que visité fue Chacabuco y, de a poco, fui rompiendo el hielo en otros lugares, siempre a pulmón, viajando a dedo y sin saber muy bien cómo se manejaba cada lugar. Lo que me impulsó a volcarme a la calle fue que estaba en un trabajo donde no me gustaba que me apuraran o me metieran presión; así que al otro día fui y renuncié de una. Ya a los 18 vivía solo y alquilaba, por lo que a los 20 decidí dejar mi pueblo y salir a compartir mi música.
—¿Qué es lo bueno y lo malo de tu laburo?
—Lo mejor es que es impredecible, siempre hay algo para hacer. Sin embargo, lo malo es que demanda ser muy fuerte mentalmente, ya que no siempre recibo un buen trato. Algunos piensan que por andar trabajando en la calle merezco burlas o alguna clase de humillación.
—¿Cómo describirías al transeúnte nicoleño?
—Es muy macanudo, no se hace problema por nada. Por ahí la gente pasa, me ve con la guitarra, frena y terminamos compartiendo un rato muy agradable. Hay mucha buena onda en la ciudad.
—¿Te piden algún permiso o te han puesto trabas desde el Municipio?
—No, la verdad es que estoy agradecido porque hasta ahora no tuve prohibiciones por parte del Municipio. Quizás algún vecino puntual puede llegar a quejarse por escucharme cantar y llamar para pedir que me mueva de lugar, pero más allá de eso, está todo bien.
—¿Cómo hacés para captar la atención de la gente que solo va pasando apurada?
—Trato de ponerme en su lugar. Desde el mío, simplemente hago lo que tengo que hacer: mi música. Creo que la gente siente mis buenas intenciones, y es ahí cuando capaz se dan vuelta, miran y logro conectar un poco más con ellos.
—¿Qué significa el arte callejero para vos?
—Para mí significa algo muy diferente a lo que la mayoría cree. Es una forma de cambiar la realidad del entorno donde se practica; no se trata de hacer arte y nada más, sino de ofrecer algo más profundo y completo. Todo depende de la intención que uno ponga al momento de tocar.
—¿Qué ves en la gente de hoy?
—Veo a personas que tienen miles de problemas o que han sufrido mucho, pero que aun así no dejan de hacer cosas buenas por su vida y por los suyos. Trato de empatizar y percibir cómo se sienten.
—¿Cómo ves a la juventud?
—La veo con muchísimo potencial. Son jóvenes a los que hay que darles un buen ejemplo, porque tienen mucho para asimilar de aquellas personas buenas que han logrado salir adelante y tener éxito en la vida.
—¿Se puede vivir económicamente de lo que generás en la vía pública?
—Sí, se puede vivir de esto.
—¿Cómo describirías la coyuntura social y económica actual?
—Noto que hay mucha superficialidad y la situación está complicada. En lo económico, estamos todos en la lucha diaria. De todas formas, creo que tanto a nivel social como económico todo puede mejorar si uno de verdad se esfuerza por alcanzar sus metas.
—¿Qué proyectos o sueños tenés a futuro con tu música?
—Mi gran proyecto es que todos conozcan mi verdad, mi historia y todo lo que tuve que atravesar para alcanzar lo poco o mucho que tengo hoy, que agradezco que sea mi guitarra y algo de ropa. Quiero demostrar que, así como la peleé y sufrí en la calle, nada me cayó del cielo. Todo fue a base de esfuerzo, dolor y mucho aprendizaje; porque siempre hay algo nuevo para aprender.
—El cierre es tuyo…
—Simplemente dejar el mensaje de que la plata fácil no existe. En esta vida hay que trabajar y esforzarse genuinamente por lo que uno quiere.
El valor de la perseverancia en cada esquina
La historia de Mateo Flores se convierte en un claro testimonio de que la voluntad y el talento pueden transformar cualquier espacio público en un escenario de oportunidades. Con su guitarra al hombro y su voz como principal herramienta, este joven artista invita a los transeúntes nicoleños a hacer una pequeña pausa en la vorágine de la rutina diaria, demostrando que detrás de cada melodía callejera hay una vida de esfuerzo, resiliencia y un profundo amor por la música.



