Sociedad

Después de los 50, olvidar cosas no siempre significa perder la memoria: cuándo prestar atención

La llamada “niebla mental” puede aparecer por estrés, falta de sueño o cambios hormonales. Los especialistas explican qué olvidos son habituales y cuáles pueden indicar que es necesario consultar

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A partir de los 50 años, muchas personas empiezan a notar pequeños cambios en su memoria. Una palabra que tarda más en aparecer, un nombre que se escapa durante una conversación o la necesidad de volver sobre una tarea porque algo fue olvidado pueden generar una pregunta inevitable: ¿es parte del envejecimiento o debería ser motivo de preocupación?

La respuesta no depende solamente de la cantidad de olvidos. También importa su frecuencia, la evolución a lo largo del tiempo y, sobre todo, cuánto interfieren en la vida cotidiana.

La llamada “niebla mental” es una expresión que se utiliza para describir dificultades relacionadas con la concentración, la atención, la memoria y la velocidad para procesar información. No es una enfermedad en sí misma y puede tener múltiples causas. En la mediana edad, además, aparece asociada con situaciones que pueden superponerse: cambios hormonales, estrés, falta de descanso y modificaciones en el estado de ánimo.

Por eso, experimentar cierta lentitud mental no significa necesariamente que exista un deterioro cognitivo.

Cuando el problema puede estar en la atención

La memoria comienza mucho antes del momento en que intentamos recordar algo. Para que una experiencia pueda recuperarse posteriormente, primero debe haber sido registrada. Y para eso es necesario prestar atención.

Una persona que duerme mal, está sometida a un período prolongado de estrés o atraviesa un cuadro de ansiedad puede tener dificultades para concentrarse. En consecuencia, puede olvidar una conversación, una indicación o dónde dejó determinado objeto.

En estos casos, el problema no necesariamente está en la capacidad de almacenar recuerdos, sino en la dificultad para incorporar correctamente la información.

Los trastornos del sueño tienen especial importancia. Dormir de manera insuficiente o fragmentada puede afectar la atención, la memoria de trabajo y el rendimiento durante el día. Algo similar puede ocurrir con algunos medicamentos, determinadas alteraciones metabólicas o problemas de salud mental.

La menopausia y los cambios cognitivos

En las mujeres, la transición hacia la menopausia constituye otro factor relevante. La disminución de los niveles de estrógeno puede coincidir con modificaciones en la concentración, la memoria verbal y la velocidad de procesamiento.

Muchas mujeres describen durante esta etapa una sensación de mayor distracción o dificultad para encontrar palabras. Sin embargo, los estudios científicos muestran que la percepción de estos problemas no siempre coincide con un deterioro significativo en las pruebas objetivas de memoria.

Esto puede explicarse, en parte, porque la menopausia no ocurre de manera aislada. Los cambios hormonales pueden acompañarse de insomnio, sofocos, ansiedad, alteraciones del estado de ánimo y estrés, factores que también repercuten sobre el funcionamiento cognitivo.

La presencia de estos síntomas, por lo tanto, no permite concluir por sí sola que exista una enfermedad neurológica.

La señal que realmente importa

Una de las principales diferencias entre los olvidos habituales y aquellos que requieren evaluación profesional está en la autonomía.

Olvidar ocasionalmente dónde quedaron las llaves, necesitar más tiempo para recordar un nombre o entrar en una habitación y no recordar inmediatamente el motivo son situaciones que pueden ocurrir a cualquier edad.

Distinto es comenzar a perderse en lugares conocidos, repetir reiteradamente las mismas preguntas, no poder seguir instrucciones habituales o cometer errores que comprometen actividades como administrar dinero, tomar medicamentos, cocinar o conducir.

También es importante prestar atención a la progresión. Un episodio aislado tiene un significado diferente de una dificultad que se vuelve cada vez más frecuente y empieza a modificar las rutinas.

Cuando los familiares o personas cercanas detectan cambios persistentes, aunque quien los experimenta no los perciba, también puede ser conveniente realizar una consulta.

No todo conduce a una demencia

Uno de los principales errores consiste en asociar automáticamente cualquier problema de memoria con una enfermedad neurodegenerativa. Existen numerosas causas potencialmente reversibles que pueden afectar el funcionamiento cognitivo.

Los médicos pueden evaluar, según cada caso, la calidad del sueño, el estado emocional, los antecedentes de salud, los medicamentos utilizados y posibles alteraciones metabólicas o nutricionales. La evaluación permite determinar si los síntomas responden a una causa concreta o si es necesario profundizar el estudio.

La consulta también sirve para establecer una referencia. Conocer cómo funciona la memoria y la atención en un determinado momento permite comparar posteriormente si existe una modificación significativa.

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