
Detrás de una decisión, una tarjeta o un silbatazo hay mucho más que 90 minutos. Hay entrenamiento, estudio, concentración, críticas y una vida que sigue cuando el partido termina. En esta primera entrega, Dylan Joel Suárez muestra ese costado menos conocido y cuenta cómo el arbitraje fue moldeando su personalidad mientras trabaja, paso a paso, por alcanzar el profesionalismo.
¿Quién es Dylan Suárez cuando no está arbitrando?
—Soy una persona bastante tranquila, de perfil bajo y muy ligada al fútbol. Me gusta estar en casa, compartir con mi familia y, cuando tengo tiempo, mirar y analizar partidos, estudiar reglamento y cuestiones tácticas.
¿A qué te dedicás fuera del arbitraje?
—Hoy en día, prácticamente todo gira en torno al arbitraje. Entreno de lunes a viernes y los fines de semana generalmente tengo partidos. También complemento la preparación física con estudio y análisis. Son muy pocos los días que tengo completamente libres.
¿Cómo es un día normal cuando no tenés partido?
—Cuando tengo tiempo libre trato de desconectar un poco. Me gusta visitar a mi viejo, juntarme con algún amigo o hacer algún plan solo. Salir a caminar, tomar un poco de sol o pasar un rato en una plaza me ayuda a despejarme.
¿Tenés algún hobby o pasión fuera del deporte?
—Los videojuegos. Me gusta compartirlos con mi hermanito y con amigos. Puedo jugar desde un FIFA hasta algún juego que requiera muchas horas. También me gusta mucho el cine y le agarré el gusto a las películas de terror.
¿Qué lugar ocupa el deporte en tu vida más allá del arbitraje?
—Es prácticamente un modo de vida. Me gusta todo lo relacionado con el entrenamiento, ya sea gimnasio o salir a correr. Incluso fuera de temporada disfruto correr solo. Toda mi preparación gira en torno a esos 90 minutos del fin de semana.
¿Cómo llegaste al arbitraje?
—Desde muy chico estuve ligado porque mi viejo también es árbitro. Lo acompañaba a entrenamientos, partidos y charlas. Crecí prácticamente dentro de ese ambiente y esa cercanía fue fundamental para terminar eligiendo este camino.
¿Qué fue lo primero que te atrapó de esta profesión?
—La adrenalina. La presión es algo que hay que saber sobrellevar, pero también se disfruta. Además, el arbitraje nunca es algo plano: siempre hay algo para mejorar y aprender.
¿Qué significa para vos ser árbitro?
—Es un modo de vida. Le dediqué muchos años, mucho sacrificio y resigné varias cosas. Es una elección que hice porque mi gran objetivo es ser profesional y todo lo que hago apunta a cumplir ese sueño.
¿Qué harías si no fueras árbitro?
—Seguramente hubiese terminado Abogacía, que es algo que me quedó pendiente por haber decidido dedicarme al 100% al arbitraje.
¿Qué árbitro admirás?
—Admiro mucho a Facundo Tello. Para mí es el mejor árbitro del mundo y representa mucho el prototipo que me gusta. Además, dirige en Argentina, donde creo que está el fútbol más difícil de arbitrar.
¿Y qué es lo más difícil?
—La poca empatía que existe hacia el árbitro. Muchas veces estamos deshumanizados y la gente se olvida de que somos personas, que podemos equivocarnos y que tenemos una familia que nos espera en casa.
¿Cómo se convive con las críticas?
—Al árbitro no deberían importarle demasiado las críticas externas. Las que realmente me sirven son las de mis compañeros y mis veedores, porque conocen nuestro trabajo y pueden ayudarme a mejorar. Las redes sociales muchas veces no suman.
¿Hay algún partido que recuerdes especialmente?
—Mi primera final, Regatas-San Martín, en el estadio. Fue muy especial porque estaba toda mi familia y también muchos de mis compañeros acompañándome. Es un recuerdo que voy a llevar siempre conmigo.
¿Qué aprendiste del arbitraje que también te sirve para la vida?
—Aprendí a que no me importe tanto el qué dirán. Creo que era uno de mis defectos y el arbitraje fue moldeando mi personalidad en ese sentido.
¿Qué le dirías a alguien que quiere empezar a ser árbitro?
—Que es una opción muy linda si le gusta el fútbol y quiere vivirlo desde adentro. Pero hay que hacerlo con pasión, porque hay muchas cosas que uno tiene que atravesar y soportar.
¿Qué sueño te queda por cumplir?
—Mi gran sueño es llegar a ser profesional y poder dirigir en Primera División Argentina. Es el objetivo por el que trabajo desde hace muchos años.



