
Agustín Serrano (Torito Mágico), arquitecto, músico y con gran facilidad para el francés, se considera una persona con pocas habilidades, pero vive aferrado a ellas para poder alcanzar sus objetivos. Mantiene una conexión constante con la acción de crear, al punto de entender que hacerlo todo solo tiene demasiados límites.
Crear de forma colectiva lo llevó a adquirir cierto estado de diversión que produce una nueva armonía emocional y hace posible la realización de espacios artísticos y humanos donde la felicidad se convierte en un estado colectivo.
Sueña con seguir aprendiendo de los mundos elegidos para su vida, unificando experiencias y sentimientos, donde el fin común sea la trascendencia o el incentivo para que cada individuo realice aquello que realmente le apasiona.
La llegada de la arquitectura: “Desde chico soy arquitecto, mi primer casa la hice con retazos de madera que me traía mi viejo de un conocido comercio de maderas, siempre supe que iba a ser algo respecto a eso, además cuando le mostraba la casa a mis amigos, les contaba o explicaba porque había puesto cada cosa en su determinado lugar, era uno de mis juegos favoritos. También antes que la arquitectura estuvo el cantar y hacer mis propias canciones mientras caminaba por la calle, sentía que podía lograr todo con mi imaginación, trato de tener esa sensación el mayor tiempo conmigo, siento que es un espacio en donde pueden ocurrir cosas que me hacen crecer”.
El inconsciente que se desarrolla en lo colectivo:“Me gusta crear con otros, intento originar los espacios y los momentos propicios para las canciones compartidas, obras y espacios si hablamos de arquitectura. Es el lugar más cercano que tengo a la felicidad. A veces creo solo y muchas veces en compañía, en esto último la diversidad es lo que enriquece a cada intento de arte que realizo, parte de mi impronta es eso: asimilar que cada sentimiento que ocurre cuando el momento es compartido. Siempre busco sumar lo necesario a esa chispa de creación colectiva generada por la química o la conexión. No veo trabajando o haciendo música con alguien que me transmita mala vibra o energía”.
La naturalidad de los procesos: “Llevo mucho tiempo analizando y pensando sobre los espacios en donde me muevo y los conceptos que estos me traen. El haber formado parte de diversos colectivos de la arquitectura hizo que lleve los conceptos de mi profesión a cada parte de mi existencia, hoy en encajan perfectamente: la música, la arquitectura, los vínculos, el crear y el construir son términos que se unen para formar mi integridad (obviamente con defectos), pero con una identidad particular”.
La arquitectura de su música: “Hoy en día esta muy en boca de todos el concepto de Inteligencia Artificial, luego de entender como funciona su comportamiento traté de elaborar un proceso parecido teniendo en cuenta como pilar fundamental el valor humano y la emoción. La IA establece posibles resultados de acuerdo a todo lo existente en internet y ahí crea modelos o soluciones para que vos las cambies a tu gusto, yo intento absorber cada emoción de cada momento que viví, que fue importante o quiero recordar generalmente estando en compañía y de ese resultado busco establecer un orden con el mayor sentido armónico y que sea capaz de emocionar, incentivar, disfrutar o replicar en otro sentido. En palabras de un arquitecto te diría que primero elijo el material, luego el molde y por último la forma de trabajar, pero sin perder nunca de vista el color de como quiero que sean las cosas”.
El legado más allá de la trascendencia: “Me gustaría poder demostrarle al mundo que cada persona puede ser lo que quiera ser y si el camino es muy dificultoso, al menos mostrar o enseñar de alguna forma a mantener viva la llama de lo que te apasiona. Yo quise cantar toda mi vida, después comprendí que el cantar traía cosas más importantes: el encuentro, el compartir, el cambio de miradas, las perspectivas, el lenguaje colectivo, muchas cosas que hacen mi vida mejor. Por mi parte he logrado el ecosistema donde quiero fluir y estoy más que agradecido con eso”.
La creación de un ecosistema propicio de emociones que puedan ser compartidas no solo requiere tiempo y dedicación además debe tener la existencia de ideas, lugares en común y diferencias claras que nutran la conexión que mantendrá vivo el ambiente armónico de dicho ecosistema, en su afán por lograrlo el Torito a través de las pasiones logró captar cada emoción vital para formar nuevas a través del encuentro. Aceptar el desafío, saber con quien contar y no traicionarse han sido normas claras y permanentes para asumir el objetivo de mantener viva la llama de lo que apasiona. Las acciones de crear y construir a la orden del día mediante la magia de las canciones. “We’ll just keep on trying. ‘Til the end of time”.

