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Adolescentes en la calle, delitos en aumento y un municipio ausente

Durante la noche del domingo 15 y la madrugada del lunes 16 de febrero, la Policía tuvo que intervenir en tres episodios distintos en la ciudad, todos con un mismo denominador común: Chicos de entre 11 y 15 años involucrados en hechos delictivos.

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El primer procedimiento estuvo a cargo de la UTOI. Allí fue demorado un adolescente de 15 años que, al ser identificado, reaccionó de manera hostil frente a los efectivos. Entre sus pertenencias le secuestraron una réplica de arma de fuego de plástico, similar a una 9 milímetros, y una cadena metálica de unos 20 centímetros. Si bien no se registraron heridos, preocupa que un menor circule con elementos destinados claramente a intimidar.

Horas más tarde, ya en la madrugada del lunes, personal de la UPPL acudió a un llamado al 911 por un robo en la zona de América y Bancalari. La víctima fue un chico de 14 años, a quien le sustrajeron una riñonera negra y un celular Samsung J2 Prime. Los señalados como autores fueron dos menores de apenas 11 y 13 años. La edad de los involucrados vuelve a encender una alarma que parece repetirse cada fin de semana.

El tercer hecho ocurrió también el lunes, cuando efectivos intervinieron en Guardia Nacionales y Belgrano. Allí demoraron a dos adolescentes de 14 años y a otro de 15 que, momentos antes, habían sustraído un cono de tránsito perteneciente al municipio en el marco de un evento local.

Más allá de que en algunos casos se trate de elementos de bajo valor económico, el problema de fondo es otro: cada vez son más chicos los que aparecen vinculados a situaciones de violencia, robos o vandalismo. No se trata de hechos aislados, sino de una tendencia que se repite.

Resulta inevitable preguntarse qué está haciendo el municipio frente a esta realidad. La falta de políticas preventivas visibles, espacios de contención y programas concretos para adolescentes en situación de vulnerabilidad deja un vacío que termina llenándose con calle, conflicto y delito.

También es necesario señalar que la edad no puede convertirse en un escudo automático frente a la responsabilidad. Si bien son menores y el Estado debe garantizar protección, eso no implica naturalizar conductas violentas ni minimizar hechos que afectan a otros vecinos, incluso a chicos de su misma edad.

La ciudad enfrenta un problema que no se resuelve solo con intervenciones policiales, ni con posteos marketineros de Instagram y Tik Tok. Sin una estrategia integral que combine prevención, acompañamiento y límites claros, los partes policiales con menores como protagonistas seguirán repitiéndose.

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