
El aumento en el consumo de fármacos para conciliar el sueño y calmar la ansiedad dejó de ser una novedad para convertirse en una preocupación constante en San Nicolás. Según las observaciones del Colegio de Farmacéuticos local, lo que antes era una conducta asociada principalmente a personas mayores de 50 años, hoy se extiende con fuerza hacia adolescentes y adultos jóvenes que no superan los 30 años. Esta tendencia no es aislada, sino que refleja un fenómeno que se repite en todo el país.
El escenario actual muestra que factores como la inestabilidad laboral y la crisis económica juegan un papel determinante. La falta de perspectivas a futuro y la presión social generan un estado de alerta constante que impide el descanso natural. A esto se le suma la sobreexposición a dispositivos digitales, que altera los ciclos de sueño y empuja a muchos a buscar soluciones rápidas en la farmacia para poder “apagar” la mente al final del día.
Uno de los puntos más críticos es el uso habitual de la melatonina. Al ser de venta libre y percibida como una opción natural, muchos la incorporan a su rutina diaria sin supervisión. Sin embargo, los profesionales advierten que el organismo puede terminar adaptándose a estas dosis, lo que genera la necesidad de cantidades cada vez mayores para lograr el mismo efecto.
En definitiva, lo que empieza como una ayuda ocasional para descansar puede terminar en una dependencia difícil de revertir si no se atienden las causas de fondo.



