Historias

Almacén Contartese: un retrato sobre la guerra

La historia de una familia atravesada por la guerra, el exilio y el trabajo. Desde los campos de Calabria hasta un almacén de barrio, el relato de Graciela Contartese reconstruye memoria, supervivencia y herencia familiar

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Graciela Contartese está sentada en la cocina de su casa, la cual se comunica por un pasillo con el almacén ubicado en la ochava de calle Bolívar y España. En el ambiente se respira trabajo y familia. Graciela comienza recordando el reencuentro entre su padre Vicente y su madre Carmela después de la Segunda Guerra Mundial. Sobre la mesa yace un grueso álbum de fotos. Las generaciones más jóvenes se entornan a la mesa como si lo hicieran a un fuego sagrado.

En Rombiolo, Calabria, al sur de Italia, abundan los olivares. El trabajo se abandona con la llegada del atardecer. El calor amaina a esa hora; la joven Carmela no deja de mirar al horizonte. De pronto observa un punto sacudirse en el anaranjado del crepúsculo.

-Se estaba secando las manos en un delantal cuando ve a mi padre asomar por una loma. Ella no había perdido la esperanza, aunque todos lo daban por muerto-

Vicente estuvo preso durante cuatro años en un campo de concentración nazi en Alemania. Una vez en libertad llega caminando hasta Italia. Carmela siempre recordará el espanto dibujado en los ojos de Vicente y la herida en el hombro derecho. Fue uno de los pocos sobrevivientes de la masacre de Cefalonia, en Grecia, donde los alemanes asesinaron a sangre fría a sus antiguos aliados italianos. Vicente tenía rango y pertenecía a la artillería terrestre que estaba apostada a orillas del mar, más precisamente al 33° Batallón de Ametralladoras.

-Decía que pasaron mucha hambre, comían raíces y cáscaras de papa. También que veía cómo cargaban a los judíos desnudos en camiones y al rato los olían en el aire saliendo por las chimeneas-

Al tiempo se casaron y tuvieron tres hijas. Vicente Contartese siempre fue un hombre de pocas palabras, aún más después de la guerra. Un mediodía, mientras tomaban una sopa de pescado, dijo secamente, sin dejar de llevarse la cuchara a la boca:

-En un mes me voy a la Argentina, al tiempo se van ustedes-

Vicente y su hermano menor Miguel arriban a la Argentina y se asientan en los campos de General Rojo, donde trabajan de sol a sol. Un año después, más precisamente el 21 de junio de 1955, mientras estaba sucediendo el golpe de Estado al gobierno democrático del general Perón, Graciela, sus hermanas y su madre Carmela arriban al puerto de la Argentina. Graciela recuerda la espesa neblina. Estuvieron cuatro días varados arriba del barco.

-El viaje en general no fue traumático, pero una noche una tormenta sacudió violentamente la nave. Nos hicieron poner los salvavidas. Veía a los tiburones saltar entre las olas gigantes-

En el año 1960 los hermanos Contartese compran los terrenos de la ochava de calle España y Bolívar, levantan la casa y el almacén. Por aquel tiempo no existían los supermercados; además de los clientes de la zona, también llegaban de barrios lejanos, como barrio Somisa, Agua y Energía y Sironi. A pocas cuadras de la Escuela N.º 4 y del Club Fortín, la familia fue construyendo su paz y su descendencia. Pero de todos los nietos uno en particular recorre los pasillos, las góndolas y el mostrador del almacén con la misma actitud de su abuelo Vicente y su tío Miguel.

Hoy Pablo Contartese abre y cierra las persianas del lugar, como lo hicieron sus antecesores. Quizás como un instinto, quizás en homenaje a la valentía de su abuelo Vicente. Me lo dicen sus ojos llorosos cuando se abraza a su madre Graciela, que agarra, mira y vuelve a meter en el álbum las fotos de sus padres, como si nunca hubiesen muerto.

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