Sociedad

Anita Piaggio, la artista que educa desde los lenguajes innatos y disciplinados que otorga el arte

Docente de música y danza, construyó su camino entre la escena y el aula, con una mirada que pone en valor la expresión, el juego y la sensibilidad como pilares del aprendizaje artístico desde la infancia y sin prejuicios

banner-noticia
banner-noticia

Anita Piaggio, actualmente docente de música y danza, pasó gran parte de su vida dentro del arte de manera directa e indirecta. Criada en un hogar relacionado con lo artístico, con la elaboración de diferentes lenguajes que la acompañan hasta el día de hoy, empezó estudiando diseño gráfico y terminó en un profesorado de múltiples lenguajes: el musical y la danza. Dirigió, actuó y produjo diferentes obras en espacios totalmente diversos, fiel a la teoría de que la expresión es el lenguaje madre de todo arte y, por estos tiempos, realiza la función de transmitir todo ese conocimiento que obtuvo durante el camino, así como la forma de sentir cada vez que el sinfín de lenguajes artísticos se presenta.

La creación de la comunicación artística: “Todo nace desde la expresión, es el lenguaje más puro que tenemos y, sobre todo, que tiene el arte. Un ejemplo: un bebé no sabe hablar, pero tararea; no sabe caminar, pero puede bailar sin saber que está bailando. Esa naturalidad en la expresión refleja lo maravilloso del arte. Si vos podés fomentar eso desde la niñez, es un triunfo de la vida. A una temprana edad no tenés subjetividad ni vergüenza para tus expresiones. Si en ese marco lográs crear tus lenguajes de expresión, claramente vas a tener una vida más saludable, al menos espiritual y emocionalmente”.

El acompañamiento de la música y la danza en su vida: “La música me acompañó toda la vida sin quererlo. En mi casa siempre se escuchaban diferentes estilos de música y fue mi compañía todo el tiempo, quisiera o no. La danza es lo innato. Desde siempre mi mamá me decía: ‘no tengo un recuerdo en donde vos no estés bailando o no te movieras’. A los 3 años empecé con el baile, tuve mis pausas, supongo que se debió a descubrir si era realmente mi espacio, pero también formó y forma parte de mi vida todo el tiempo”.

Su encuentro con la docencia: “La docencia es mi espacio. Más allá del disfrute que me dio estar arriba de un escenario o expresarme yo a través del arte, estar en la escuela con los chicos para mí es lo mejor de lo mejor. Jugar libremente con personas de una temprana edad me lleva a desarrollar una creatividad muy superior a la que encontraba dirigiendo una obra. A eso también le sumo el acompañamiento de ver cómo el arte se expresa en ellos. Mirar cómo lo desarrollan desde el desconocimiento y sin prejuicios es algo que me emociona mucho. Soy muy feliz haciendo eso”.

La mirada del otro: “Disfruto de lo que hago, doy lo mejor que tengo y no todo lo que hago tiene que gustar. Me despojo de todo tipo de egocentrismo; en el ambiente artístico existen muchos y por momentos existió un agotamiento producto de eso. Me tomo todo con calma y, si la crítica existe y es para bien, bienvenida sea, y en caso contrario trato de que no me afecte”.

La dificultad del plano artístico: “En el mundo artístico el apoyo existe, pero todavía falta un montón. No suele ser fácil que la gente te acompañe en los proyectos que organizás. Hoy, fuera de ese mundo, me da la impresión de que hay otro movimiento cultural, así como otra apertura del nicoleño a los movimientos artísticos. Antes era todo más hermético y no existía tanta diversidad en el público. Y dentro del plano escolar, la dificultad llegaría hasta un plano nacional, porque no depende solo de la ciudad, y es tener más horas de contacto artístico, que sea tomado con seriedad por los directivos y en parte también por los alumnos. Descubrirte envuelto en un proceso artístico es lo mejor que te puede pasar, porque puede darte una herramienta para el futuro que no conocías. Hoy existen como mucho dos o tres horas para los diferentes lenguajes artísticos, quizás algunas horas más si realizás algún taller. Ese espacio debe aumentar en la currícula educacional, no ser horas fuera de clases. Igual, en ambos casos supongo que son procesos lentos que se irán dando con el tiempo”.

Lo absoluto del arte: “Todo, absolutamente todo lo referente al arte me emociona. Lo cotidiano, lo que logran mis alumnos en una clase normal, a mí me emociona. Además, verlos disfrutar de esa acción, aquella que hace que expresen su arte, a mí me parece maravilloso”.

La confección de un lenguaje que conlleva emociones requiere más que una estructura sólida para poder lograrlo. Ser capaz de transmitir un conocimiento por medio de algo intangible representa un desafío para el cual pocos están capacitados. En este caso, Anita, ya sea de forma innata, con una disciplina que esté a la altura o una mezcla de ambas, comprendió que ciertas estructuras se rompen con la llegada del arte, que la emoción forma parte del aire, pero hay que saber absorber de manera simple, genuina y sincera lo que ese lenguaje ofrece. La emoción es un camino directo al lenguaje del alma y, por suerte, Anita, antes de ser artista, aprendió a ser persona y, junto a sus valores, enriquece aún más esos lenguajes artísticos que enseña. Ágil mente y corazón; lo impensado no es imposible. La creatividad crea actividad.

banner-noticia

Artículos Relacionados

Volver al botón superior
×