Historias

Asesinaron a una mujer en 2001 y descubrieron al culpable 23 años después por una botella de agua

El crimen de Leslie Preer sacudió a una comunidad entera y arruinó a su familia. El responsable fue detenido luego de retomar la investigación en 2024.

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El asesinato de Leslie Preer, de 49 años, fue uno de esos casos que parecían destinados a quedar impunes. Sin embargo, una simple botella de agua usada en el Aeropuerto Washington Dulles cambió el rumbo de la investigación en 2024 y reactivó el misterio dos décadas después.

Preer no se presentó el 2 de mayo de 2001 en la oficina de la exitosa empresa de publicidad donde trabajaba en Maryland, Estados Unidos. Sus compañeros les llamó la atención esta actitud y por ese motivo, al no poder contactarla, su jefe Brett Reidy tomó una decisión. Junto con el esposo de la empleada, Carl Preer, fueron hasta su casa.

En el momento en que entraron en su casa, entendieron que algo grave había sucedido. Vieron que las paredes estaban salpicadas y un charco de agua en la puerta principal, además de señales de forcejeo.

Los hombres subieron al primer piso y encontraron una escena espantosa. Leslie Preer estaba muerta boca abajo en la ducha y tenía varios cortes en la nuca. Un médico forense indicó que la causa de muerte fue un golpe fuerte y estrangulamiento.

El crimen conmocionó al barrio. Durante meses, las sospechas recayeron sobre el esposo de Leslie, Carl “Sandy” Preer, quien pasó a ser el principal sospechoso a pesar de que tenía una coartada.

Sin embargo, el ADN encontrado en la escena del crimen —recuperado de un rastro de sangre y las células cutáneas bajo las uñas de la víctima— no coincidía con el de la víctima. Fue así que el caso quedó estancado.

Un sospechoso improbable

Años antes del crimen, Eugene Teodor Gligor mantenía una relación con Lauren Preer, la hija de Leslie. Tenían 15 años, cursaban la secundaria y vivían en el mismo barrio. Durante ese tiempo, Gligor frecuentó a la familia Preer: cenas, fiestas, noches de juegos. Lauren reconoció en 2024 ante The Washington Post que su madre siempre le había caído bien. Su padre, en cambio, tenía sus reservas. “Le había dicho que había algo raro en él”, recordó la joven.

En la secundaria, Gligor era conocido por su conducta problemática y por antecedentes de abuso de sustancias. Después del divorcio de sus padres, su comportamiento empeoró y finalmente fue expulsado del colegio. Años antes del asesinato, él y Lauren se habían separado, aunque la fecha exacta y los motivos nunca se hicieron públicos.

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Después de la muerte de Leslie en 2001, Gligor empezó a trabajar en una inmobiliaria y se mudó a un departamento en Washington, D.C. Semanas después del crimen, Lauren se lo cruzó en un bar y él le dio el pésame. “Es increíble cómo puedes mirar a alguien a los ojos y saber que cometiste este crimen y actuar como si nada hubiera pasado”, aseguró la chica años después en una entrevista.

Con el tiempo, quienes lo conocían lo describían como una persona “zen”, según documentos judiciales obtenidos por The Washington Post.

Dos detectives y una tecnología que cambió todo

El caso permaneció en el olvido hasta 2022, cuando las detectives Tara Augustin y Alyson Dupouy lo tomaron y empezaron a reexaminar la evidencia. Los investigadores originales habían preservado el ADN del asesino, pero nunca habían encontrado una coincidencia en las bases de datos disponibles.

Dos años después, en 2024, las detectives lograron un gran avance utilizando una tecnología de ADN familiar: un proceso que toma muestras genéticas del criminal y las compara con bases de datos públicas para buscar coincidencias entre familiares. “A veces pueden ser miles de personas y la relación puede ser muy lejana”, explicó Augustin al programa de ABC, 20/20, en septiembre de 2025.

Las investigadoras construyeron un perfil de ADN detallado del sospechoso y lo rastrearon hasta una familia en Rumania. Siguiendo el árbol genealógico, dieron con el apellido Gligor, que además coincidía con una pista que años atrás un vecino había acercado a las autoridades y sugería que el exnovio de Lauren podría estar involucrado.

El problema era que el ADN de Gligor no figuraba en ninguna base de datos pública ni en registros policiales. Las detectives recurrieron entonces a la creatividad: lo rastrearon hasta el Aeropuerto Washington Dulles, donde recuperaron su botella de agua usada. El rastro genéntico de esa botella coincidió con las muestras obtenidas de las uñas de Leslie.

El arresto, la negación y la condena

En junio de 2024, Gligor fue arrestado frente a su departamento. Pero durante casi un año, negó cualquier implicación en el crimen.

En mayo de 2025, cambió su versión y se declaró culpable de asesinato en segundo grado. “Lauren, su familia y amigos esperaron 24 años para finalmente obtener justicia y cerrar el capítulo de este horrible crimen que destrozó a su familia”, declaró el abogado de la familia, Benjamin Kurtz. “El hecho de que resultara ser alguien a quien dejaron entrar en su casa con los brazos abiertos lo hace aún más difícil de comprender”, sostuvo.

Dado que Gligor aceptó un acuerdo con la fiscalía, no fue a juicio ni debió explicar su motivo. La fiscalía señaló en la sentencia que “no estaba dispuesto a admitir su motivo ni la magnitud de su horrible conducta”.

Sin embargo, durante la audiencia, Gligor insinuó que había estado bajo la influencia de drogas y alcohol al momento del crimen. “Recuerdo vagamente haber salido de la casa de los Preer por la mañana, pero el resto es borroso. Sé que la familia quiere saber por qué estaba allí y qué pasó. Lo siento. No puedo recordarlo ni dar una explicación”, sostuvo, según 20/20.

El 28 de agosto de 2025, un juez del Tribunal de Circuito del Condado de Montgomery lo condenó a 22 años de prisión. La fiscalía había solicitado la pena máxima de 30, que el juez impuso, pero suspendió de manera parcial.

El día del veredicto, el abogado Kurtz aseguró que Lauren “sintió paz al saber que su padre fue reivindicado por cualquier delito, incluso después de su muerte, y siente que finalmente él puede descansar sabiendo que su asesino fue capturado”. Carl Preer murió en 2017 por un shock séptico, aunque su hija insiste en que murió con el corazón roto por perder a su compañera de vida y no haber encontrado al responsable.

Poco después de conocida la sentencia, Gligor presentó una moción solicitando que se redujera su condena. Desde octubre de 2025, está alojado en el Centro de Entrenamiento Correccional de Maryland, en el condado de Washington, según los registros de reclusos.

Fuente: Con informacion de TN

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