Lo que comenzó como un hecho de violencia e inseguridad el pasado 3 de marzo, se transformó en una carrera contra el reloj. La bala que impactó en el cuerpo de Débora es una amenaza constante que late junto a su pecho. Según denunció su sobrina, Xiomara Cabeza, la intervención quirúrgica a corazón abierto se encuentra frenada por la supuesta falta de elementos específicos en el centro de salud donde permanece internada.
El ruego de los allegados: “Si no hacés un video, se te mueren”
La familia decidió romper el silencio y acudir a la solidaridad de los nicoleños para lograr que el caso llegue a quienes tienen poder de decisión. No es un descargo, es un grito de supervivencia de un grupo de personas que se sienten abandonadas en el momento más crítico.
“En el hospital no tienen los instrumentos necesarios”, expresaron con crudeza en el mensaje. La complejidad de la operación exige una infraestructura que, según la familia, hoy no está disponible para Débora. Aclaración necesaria: Los allegados también pidieron que se difunda la realidad del estado de salud para evitar versiones que no reflejan la gravedad del cuadro médico.
La opinión de los vecinos: “Para la publicidad hay todo, para la salud nada”
Cosa Cierta recogió el malestar de los ciudadanos que, al enterarse del pedido de auxilio, volvieron a cuestionar las prioridades de la gestión local. El sentimiento de desprotección en los barrios volvió a quedar de manifiesto: “Es una vergüenza que una familia tenga que suplicar por redes sociales para que operen a una mujer baleada”, comentó un vecino que se sumó a la difusión del video. El contraste con los gastos municipales fue el eje de la queja: “Gastan fortunas en pantallas y propaganda, pero cuando una vecina de barrio necesita alta complejidad, la familia tiene que salir a pedir por favor”. ‘’ En San Nicolás, si no salís en los medios o hacés ruido, parece que no existís para el municipio”, sentenció una vecina de zona norte, muy conmovida por la situación
Una vida que no puede esperar
El estado de Débora es crítico y cada minuto cuenta. La bala, ubicada a tan solo un centímetro del corazón, es una bomba de tiempo. La familia Conil no pide favores, exige el derecho básico a la salud en una ciudad que a veces parece brillar más en la cartelería oficial que en la atención real a sus habitantes más vulnerables.



