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Caprichos, privilegios y soberbia: un nuevo papelón de Manuel Passaglia en la Legislatura

El diputado provincial rechazó el despacho y la cochera asignados en el Anexo de la Cámara Baja, desatando malestar interno, burlas y fuertes críticas. Un gesto innecesario que volvió a exponer una forma de hacer política marcada por el destrato, la prepotencia y la lógica del privilegio

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Manuel Passaglia volvió a quedar en el centro de la escena legislativa, aunque no por su labor parlamentaria ni por algún proyecto de impacto para los bonaerenses. Esta vez, el exintendente municipal fue protagonista de un episodio tan llamativo como evitable: decidió rechazar el despacho y el espacio de estacionamiento que le habían sido asignados en el Anexo de la Cámara de Diputados, generando incomodidad, críticas y un sinfín de comentarios en los pasillos.

La determinación, lejos de pasar inadvertida, encendió un clima de malestar entre trabajadores, asesores y legisladores, que vieron en la actitud del nicoleño una muestra más de destrato y soberbia.

Según trascendió, el legislador de Hechos habría descalificado el espacio asignado con expresiones groseras, lo que profundizó el enojo interno y alimentó la percepción de un comportamiento impropio de un representante público.

El Anexo, lejos de ser un edificio menor, es uno de los espacios más modernos y funcionales del complejo legislativo bonaerense. Allí funcionan decenas de despachos, salas de reuniones, oficinas administrativas y cocheras, y constituye un ámbito de trabajo cotidiano para una gran parte de los diputados. Rechazarlo, en ese contexto, fue interpretado más como un gesto de capricho que como una necesidad operativa real.

Pero el episodio adquirió un tinte aún más simbólico por un dato imposible de soslayar: el Anexo fue impulsado e inaugurado durante la gestión institucional de Ismael Passaglia, su padre. Esa coincidencia potenció las chicanas internas y dejó flotando la sensación de que la familia Passaglia mantiene una relación ambigua con las reglas, el respeto institucional y los espacios que no responden a sus propias lógicas de poder.

Lejos de tratarse de un hecho aislado, la escena encaja en una sucesión de episodios que vienen marcando la conducta pública del clan Passaglia. Desde intentos de asumir cargos de manera irregular, hasta incumplimientos administrativos básicos, la reiteración de estas conductas construyó un perfil político atravesado por la improvisación, la prepotencia y la idea de que las normas son flexibles cuando se trata de intereses propios.

En lugar de enfocar energías en el debate legislativo, la construcción de consensos o la presentación de iniciativas concretas para la provincia, Manuel Passaglia eligió una vez más el camino del gesto altisonante, que sólo suma ruido, desgaste institucional y descrédito político.

En tiempos donde la sociedad reclama responsabilidad, austeridad y respeto por las instituciones, estas actitudes no hacen más que profundizar la distancia entre la dirigencia y la ciudadanía. Un lujo que la política, y mucho menos la Provincia, pueden darse.

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