
Delfina Diamante, mamá de Amelia, sushina, estudió la carrera de hotelería más por mandato que por ganas propias, pero durante ese proceso, mientras transcurría el primer año de su carrera, despertó su lado dormido: la cocina. Vivió varios años en Buenos Aires y tuvo diversos trabajos que oscilaban entre la hotelería y la gastronomía. A su vez, tuvo la oportunidad de dar vueltas por el mundo como mochilera, experiencia que le permitió conocer lo que acontecía en diferentes culturas y absorber diferentes conocimientos dentro del mundo de la gastronomía. Su padre le regaló un curso con Iwao, uno de los referentes del mundo sushi, y es ahí donde finalmente encontró su lugar en el mundo. Hoy en día, ese camino que comenzó hace 13 años atrás y fue pausado para vivir otras experiencias, renació y se plasma todos los fines de semana en un encuentro donde la gastronomía, los sabores y las expresiones artísticas dan rienda suelta a lo necesario para tener un buen momento, ya sea en el barrio Somisa o en eventos particulares en cada rincón de la ciudad a través de “Del Sushi”.
La señal del lugar indicado: “Hoy en día caigo que es el lugar en donde quiero estar, al principio, hace varios años atrás dudaba si realmente era mi lugar, desde ese tiempo ya lo sentía como una pasión, pero tenía esas dudas e incertidumbres que se tienen cuando arrancás a emprender mediante la autogestión. Hoy estoy motivada desde diferentes posiciones, el crecimiento mundial del sushi es un incentivo constante que no solo me lleva a la producción sino también a seguir capacitándome. Por otro lado, la aprobación que recibo, al principio mi entorno me apoyaba enormemente y ahora todas aquellas personas que consumen los productos me hablan bien de lo que hago y es reconfortante saberlo. Por último, quizás más personal, los dos puntos anteriores hacen que quiera experimentar cosas nuevas en este mundo con otros proyectos que sé que con el tiempo los iré concretando”.
El favoritismo por el sushi: “Es difícil explicar el porqué de mi elección del sushi, pero te diría que es por una cuestión de protocolo, sin desmerecer a la comida rápida, no es ese estilo de gastronomía que busco, más allá de que trato de que sea una experiencia única, el sushi me lleva a respetar y pensar ciertos pasos: crear un ambiente acorde, saber leer lo que pasa durante cada evento y por último hacer un producto a la altura de lo antes planteado. En todo eso encuentro una mezcla de divertimento, trabajo y emoción. La ceremonia de agasajar y disfrutar todo a su tiempo convierten al sushi en un momento para regalarse y generar un bienestar personal”.
La referente especial: “Encuentro melancolía cuando hablo de mi abuela, ella no tenía conocimiento alguno sobre el sushi, pero a través de observar cómo cocinaba aprendí la mayoría de las cosas de la gastronomía y también a respetar y valorar ese espacio que llaman cocina”.
Consejos para hacer un buen sushi: “Lo fundamental es tener tiempo, entender que todo tiene su proceso y hay que cumplirlo al pie de la letra, lavar el arroz varias veces, tener paciencia a la hora de armar rolls, no frustrarse durante el camino del armado del sushi y por último disfrutar cada paso que se hace para realizar esta comida, es un planazo para compartir con las personas que querés”.
La facultad de emprender: “Considero que en la actualidad lo difícil no es emprender sino más bien seguir teniendo la motivación inicial, los tiempos que corren traen demasiadas cosas de qué ocuparse, una vida fuera de la gastronomía, entre otros. Mantener el foco en lo que necesitás y querés hacer es lo más complicado. La aprobación de las personas por lo que hago es lo que me mantiene en foco y motivada, la autogestión y estar de alguna forma adelantada a todo lo que puede llegar a suceder me mantiene relajada para dar lo mejor siempre. El sostener algo quizás sea lo más pesado para nuestra generación, al mínimo fracaso se quiere abandonar, tuve días malos, con pocos pedidos, con escasa gente en los eventos, sin embargo seguí enfocada en que esto iba a darme los réditos que necesito”.
En cada proceso destinado a emprender existe una mezcla precisa, exacta entre lo artesanal, el trabajo y las ganas de realizar el objetivo, dentro de ese combo por momentos incalculable se desarrolla un arte capaz de sostener, impulsar y hacer que todo funcione, en el caso de Delfina esa mezcla la denominó resiliencia, no solo por darle las ganas de continuar con el proceso cuando no las había, de pensar a futuro cómo sería el camino de una de las máximas representaciones de arte en la gastronomía, sino también de crear paulatinamente una amalgama de sabores y experiencias donde, por suerte, los ciudadanos de San Nicolás de los Arroyos reciben con aceptación y cada vez más frecuencia.
