
Duele. Duele por el agujero en el alma de Nicolás Rodríguez, el alero que dejó sangre, sudor y lágrimas para evitar el peor desenlace. El que dentro de la cancha contagió con coraje y se quedó vacío, promediando 12.3 puntos en 30.9 minutos durante los 32 partidos del equipo.
Conmueve. Conmueve de verdad observar las lágrimas compungidas de Daniel Maffei, el entrenador de 66 años y mil batallas a nivel nacional e internacional, que se había disfrazado de bombero en temporadas anteriores para rescatar a Pergamino Básquet del abismo, pero que esta vez no pudo torcer un destino inexorable. El Loro es técnico de básquet, no mago.
El 82-58 en Armstrong frente a Deportivo Armstrong es historia. Los 24 puntos de diferencia en la final directa por la Permanencia son el fiel reflejo de un final cantado, anunciado y previsible. El 17° y último lugar de la Conferencia Sur con 7 victorias y 25 derrotas consumaron el descenso de Pergamino Básquet de la Liga Argentina, segunda categoría del país, la última estable porque el cadalso en esa división conduce a la Liga Provincial de Clubes sin escalas, salvo que se cambien las reglas a futuro.
Todo esto sucedió mientras el gobierno de Pergamino estaba en la última etapa de un estadio polideportivo municipal para 3.500 espectadores donde iba a jugar como local el equipo de la vecina ciudad. Posiblemente lo haga si el proyecto político en el deporte de la pelota naranja continúa y no se esfuma luego de la pérdida de categoría.
El descenso ya se consumó por malas decisiones tomadas desde el primer día en el armado del equipo. El futuro es una incógnita.



