
Jorge Mario Bergoglio, quien años más tarde sería elegido como el Papa Francisco, visitó San Nicolás en agosto de 2007, en el marco del Tercer Congreso Misionero Nacional (COMINA3). Por entonces era cardenal y arzobispo de Buenos Aires, y compartió con los fieles una jornada de oración, reflexión y compromiso misionero.
La celebración litúrgica tuvo lugar en el gimnasio Fortunato Bonelli, del Club Belgrano, y fue concelebrada junto a otros 16 obispos de todo el país. Durante la homilía, Bergoglio transmitió un mensaje centrado en la continuidad de la fe: “Antes que nosotros hubo una nube de personas que nos precedieron transmitiendo el mensaje”, dijo, subrayando que la misión hoy es pasarlo a los demás.
También llamó a no guardar el Evangelio como un adorno: “No privaticemos el Evangelio que hemos recibido, es para ser anunciado. El Evangelio no tiene que ser un maquillaje, tiene que ser la fibra de la que estamos hechos”, expresó con firmeza.
Al finalizar la celebración, junto a los demás pastores impartió la bendición y luego se dirigió al Santuario de María del Rosario de San Nicolás, donde oró y saludó a los fieles que lo esperaban.
Fue una visita sencilla, pero significativa. Nadie imaginaba entonces que ese hombre sereno, de tono bajo y mirada firme, sería elegido años después como el primer Papa argentino de la historia, y se convertiría en una figura querida y respetada en todo el mundo. Su paso por San Nicolás quedó en la memoria de quienes estuvieron allí, pero también en el recuerdo de una ciudad que, por un día, lo tuvo entre sus calles y su gente.



