En las últimas horas, la noticia que circulaba en los pasillos de la delegación nicoleña de PAMI fue confirmada por diversas fuentes: el sistema de provisión de medicación oncológica atraviesa un cuello de botella crítico. Pacientes con diagnósticos que no admiten pausas se encuentran con la misma respuesta sistemática ante cada consulta: “Hay retraso”.
La Bendamustina: El nombre de la espera
Uno de los insumos más reclamados es la Bendamustina, una droga fundamental para el tratamiento de ciertos tipos de cáncer. El caso de una paciente nicoleña -quien reservó su identidad por temor a represalias burocráticas- es testigo de la desidia: solicitó su medicación el 21 de enero pasado y, al día de hoy, su expediente sigue sin movimientos.
Ante la falta de respuestas oficiales, la organización local “Lazos que unen contra el cáncer” ha tomado cartas en el asunto. Bajo la coordinación de Eleonora Ramírez, la entidad se encuentra trabajando junto a un estudio jurídico para presentar recursos de amparo masivos. El objetivo es que la Justicia ordene la entrega inmediata de las drogas, un trámite que, según informaron, no tiene costo para el afiliado que lo canalice a través de sus redes sociales.
Un sistema quebrado: Prótesis, pañales y anteojos en el olvido
Sin embargo, el recorte no se limita a la oncología. Tras consultas con fuentes cercanas a la institución, el panorama es definido como “espeluznante”. La crisis de gestión afecta toda la cadena de servicios:
- Insumos básicos: Falta de entrega de sillas de ruedas, prótesis y programas sociales.
- Deuda con proveedores: La cadena de pagos está cortada y los valores de las cápitas han quedado totalmente desactualizados frente a la inflación.
- Salud visual: Pacientes operados de cataratas denuncian que PAMI no entrega los insumos para los anteojos de postoperatorio.
Testimonios: La voz de los vulnerados
La indignación de los jubilados se hace oír en las puertas de la sede y en las redes sociales, exponiendo la fragilidad de quienes más protección deberían tener: “Hace 3 meses espero la silla de ruedas, pobre mi país”, reclama un afiliado que hoy depende de terceros para movilizarse. “Tengo un familiar de 80 años en silla de ruedas y desde diciembre no le entregaron más los pañales”, denuncia otro allegado, exponiendo la falta de insumos de higiene básica. “Me informan que los anteojos no me los pueden dar porque PAMI no entrega los insumos; estoy operada de cataratas y los necesito urgente”, relata una abuela con la visión comprometida. “Cada vez nos cubren menos medicamentos, es una locura, todo aumenta”, confirma angustiado, otro jubilado nicoleño.
Ver a un abuelo mendigar un pañal o esperar meses por una droga oncológica es la prueba del fracaso de un sistema estatal hipertrofiado que, a la hora de cumplir con sus funciones básicas, desaparece. Mientras los funcionarios hablan de “programas” y “gestión”, la realidad es que el ahorro forzoso de nuestros mayores se diluye en una burocracia ineficiente que hoy, literalmente, pone en riesgo la vida de quienes ya cumplieron con el país. Es hora de que el respeto por el individuo y por el fruto de su trabajo vuelva a ser la prioridad, antes de que el “retraso” se convierta en una tragedia definitiva.



