
Juan Carlos Lascialandare, nacido en Villa Constitución, lugar donde vivió hasta los 13 años, es fanático de River Plate, contador, inició los primeros años de sus estudios en Ciencias Económicas en Pergamino, finalizando su carrera en Buenos Aires. Es padre de 6 hijos. Su llegada a San Nicolás se debió a un tema exclusivamente laboral, el cual constaba en ayudar a su padre en la parte contable de la concesionaria de autos que poseía. Luego de tres años de trabajo con su padre, ingresó en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas como secretario técnico. Allí tenía una gran responsabilidad que consistía en certificar las firmas de los nuevos contadores, oficiando de filtro entre el nuevo integrante y el Consejo. Debía verificar que el contador cumpliese con todos los requisitos que la institución exigía para desempeñar sus funciones. En los primeros años del nuevo milenio fue delegado de la Dirección Provincial de Personas Jurídicas. Tuvo su estudio particular. Fue profesor en la Escuela Integral. Y lleva más de 30 años vinculado al Consejo Profesional de Ciencias Económicas. Toda la vida vinculada a las finanzas, pero sin perder el rumbo en la tarea de ser padre: “Es más fácil ser hijo que ser padre”, señaló.
Su elección por la contabilidad: “Elegí la contabilidad en parte por la profesión de mi padre. Nunca esa elección fue tomada como una obligación; quería aprender al lado de mi padre. Hemos hecho algunos trabajos contables juntos para empresas y clientes particulares. Yo tenía dos posibilidades: seguir la abogacía o estudiar Ciencias Económicas. La abogacía me gusta, pero me decidí por Ciencias Económicas para ayudar a mi padre; necesitaba hacerlo también para poder tener un seguimiento continuo del trabajo que él hacía, dado que yo estaba en la misma ciudad y mis hermanos no viajaban con frecuencia”.
La actualidad de la profesión: “Siempre existió, al momento de estudiar la carrera de Ciencias Económicas, una decisión clave en el correr de los años: llegás a un punto en donde debés decidir si seguir como contador público o convertirte en administrador de empresas. En el pasado esa decisión estaba muy marcada tanto dentro del estudio como en el accionar de la profesión; hoy en día ya no es tan así y el estudiante está sumamente capacitado para cualquiera de esas funciones, sin importar la decisión que tome. Las posibilidades que ofrece esta carrera son muy buenas y, a su vez, en San Nicolás podés encontrar profesionales de muy alto nivel que están dispuestos a ayudar a crecer a los nuevos contadores en la profesión. Estoy convencido de que los profesionales con experiencia deben apoyar e incentivar a los nuevos debido a las diferentes e inesperadas dificultades que existen en la actualidad”.
Su visión política: “No estoy afiliado a ningún partido político. Con el transcurrir de mi vida he visto varias cosas que me han defraudado políticamente; por eso no ejerzo la política partidaria, descreo de la militancia. La Argentina siempre tuvo procesos cíclicos; es un país con muy poca historia que ha cometido siempre los mismos errores, chocando una y otra vez con la misma piedra. Debemos ser más serios tanto a nivel nacional como internacional; no es agradable traicionar la confianza de los demás y ser deudores seriales hipotecando el futuro de las nuevas generaciones. Es preocupante y estoy a la espera de que todo se pueda encaminar. Por otro lado, la Justicia tiene una materia pendiente que consiste en castigar a quien delinque; eso encaminaría las cosas para el cambio profundo que necesita la Argentina”.
Su relación con el arte: “Me gustan mucho los cuadros, la pintura. También me gusta mucho la música; tengo buen oído y suelen quedarme rápido las canciones y sus melodías”.
Juanca es un tipo sociable que, en todos los planos donde tuvo la posibilidad de ayudar a la gente, lo hizo, ya sea con un consejo, una charla o un conocimiento en la profesión que ejerció toda su vida. A su vez, en el plano familiar, con su personalidad encaminó a la futura generación a que tenga los mismos valores que le fueron inculcados o, mejor aún, traspasó esos valores con la evolución pertinente para las adversidades venideras. “La soberbia mata al hombre” es una frase que tiene presente con constancia, provocando un vivir con humildad por sobre todas las cosas. Una vida sin enemigos, con la compañía de Dios y viviendo día a día con la sabiduría de saber cuándo es el momento de trabajar y cuándo el de disfrutar el camino recorrido, Juanca atraviesa este último con la alegría característica a cuestas por las calles de la ciudad. Una de sus frases clásicas es: “¡La gente está chocha, querido!”, y aunque no se sabe de qué la gente puede estar contenta, las personas han de suponer que se debe a su presencia en sus vidas.


