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Entre pasantías y promesas: ¿Por qué la Oficina de Empleo no logra frenar la precariedad juvenil en la ciudad?

En una ciudad que se promociona constantemente por su crecimiento y modernización, hay un sector que parece estar quedando al margen de los grandes anuncios: La juventud.

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Para los nicoleños de entre 18 y 24 años, conseguir un empleo que no sea una simple “changueada” o una pasantía temporal se ha vuelto una misión casi imposible, exponiendo una grieta profunda entre la gestión del Intendente y la realidad de la calle.

Si bien desde el municipio se destaca el rol de la Oficina de Empleo como un puente de acompañamiento, para muchos jóvenes el organismo se percibe más como una vidriera de buenas intenciones que como una solución real. La intermediación que se ofrece suele desembocar en puestos de baja calificación o contratos a término, que no ofrecen la estabilidad económica necesaria para proyectar una vida en la ciudad.

El acompañamiento que se pregona desde las oficinas públicas parece quedarse en la superficie. Sin un compromiso real que obligue a las empresas a contratar de forma efectiva y permanente, la oficina termina funcionando como un paliativo que estira la agonía de la desocupación juvenil en lugar de erradicarla.

La formación en tecnología, ¿Es una solución o maquillaje? La gestión municipal ha puesto el foco en la programación y las nuevas demandas del mercado, ofreciendo cursos iniciales. Sin embargo, surge una crítica inevitable: ¿De qué sirve formar a los chicos en herramientas digitales si el mercado laboral local no tiene la capacidad de absorberlos con sueldos dignos?

La apuesta por estos rubros parece, en muchos casos, una estrategia de marketing para hablar de “modernidad” mientras los sectores tradicionales de industria, administración y logística —donde realmente está la demanda— operan bajo una rotación constante que impide cualquier tipo de arraigo laboral.

Es habitual escuchar al Intendente mencionar en sus apariciones públicas la importancia de las oportunidades para los jóvenes. No obstante, esa narrativa choca de frente con la falta de políticas activas y sostenibles. El reclamo es claro: menos menciones en redes sociales y más incentivos reales para que la juventud nicoleña no tenga que emigrar o conformarse con empleos mal pagos.

La estabilidad no se construye con cursos aislados o con una oficina que solo recibe currículums; se construye con una decisión política de priorizar el empleo joven por sobre la obra pública estética. Hasta que la gestión no asuma que la precariedad laboral es el principal enemigo de los chicos en San Nicolás, cualquier anuncio seguirá sonando a promesa de campaña incumplida.

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