Rosario volvió a ser el centro del universo musical este domingo. Pasadas las 20:00, cuando el calor todavía apretaba contra las piedras del Monumento a la Bandera, las luces se apagaron para dar paso a un solo de piano que erizó la piel de las miles de almas presentes: el “Tema de Piluso”. Fito Páez no solo estaba dando un recital gratuito; estaba celebrando su lugar en la ciudad que lo parió, ante una audiencia que unió a abuelos, padres e hijos en un mismo estribillo.

El éxodo nicoleño: “Parecía otra Rosario”
Desde temprano, las redes sociales y las rutas mostraron el flujo de nicoleños que no quisieron perderse la cita. Con lonas, mates y algo para picar, el picnic gigante a orillas del río se llenó de tonadas conocidas. El despliegue fue tal que, para muchos de nuestros vecinos, lo más impactante no fue solo la música, sino el comportamiento colectivo. “Magnífica noche vivimos en Rosario, valió mucho la pena. Nos dio amor”, comentaba una vecina de barrio Alto Verde al finalizar el show. La sensación de seguridad y convivencia fue el comentario obligado a la salida: “El público dejó el en paz el monumento, caminando por las calles cortadas, parecía otra Rosario”, relataron jóvenes nicoleños que destacaron la organización y la calma pese a la multitud. “Fito unió a la gente como nunca”, sintetizó otro de los asistentes que viajó desde San Nicolás para lo que calificó como una “inyección de energía”.
Un repertorio sin respiro
Fito no dio tregua. Con una seguidilla de temas que recorrieron desde Tercer Mundo hasta El amor después del amor, el músico se enfocó en la ejecución pura. Sonaron joyas no tan frecuentes como “Lo que el viento nunca se llevó”, junto a himnos inoxidables como “11 y 6” y “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, que bajó la temperatura emocional en una noche donde el termómetro no dio respiro.
A pesar de que algunos notaron a un Páez más introspectivo y menos dado a la charla entre canciones, el mensaje fue la música. Al lado del mismo Paraná que baña nuestras costas, Fito demostró que su obra sigue siendo el puente que une generaciones y, esta vez, también ciudades.



