La inseguridad en San Nicolás volvió a cruzar un límite ético al ensañarse con el Club Atlético Libertad. Mientras la ciudad descansaba, el predio de barrio Güemes fue vulnerado por desconocidos que, tras destrozar una ventana, accedieron al sector de la cantina para llevarse el fruto del esfuerzo de toda una comunidad.
El ‘’botín’’, valuado en más de un millón de pesos, representa un golpe demoledor para la economía de un club de baby fútbol que se sostiene con la venta diaria de mercadería. No solo se llevaron herramientas de trabajo, sino también los recursos destinados a mantener la actividad deportiva de decenas de niños que encuentran en el club su segundo hogar.
El inventario de la impotencia
El detalle de lo sustraído deja en evidencia que los delincuentes contaron con tiempo y logística para vaciar el lugar. Según pudo saberse, los elementos faltantes incluyen:
- Tres garrafas (dos de 15 kilos y una de 10 kilos).
- Equipamiento de cocina: Una freidora eléctrica de seis litros, una pava eléctrica y un mechero con disco.
- Stock de ventas: La totalidad de las golosinas, helados y los clásicos “jaimitos” que se comercializan en cada jornada deportiva.
Mucho más que un robo
Para los dirigentes y las familias de barrio Güemes, la sensación es de un vacío absoluto. En las instituciones de barrio, cada freidora o cada garrafa es el resultado de rifas, polladas y el aporte desinteresado de los vecinos. “Lo que para el delincuente es mercadería, para nosotros es la merienda de los chicos y el mantenimiento de las canchas”, afirmaron desde el predio tras conocerse la noticia.
Este ataque a la cantina del Libertad vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de los espacios sociales de la ciudad. Mientras las instituciones intentan contener a los jóvenes a través del deporte, la falta de seguridad preventiva termina desmantelando los pocos refugios que quedan contra la calle.



