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“Hace dos días que no tenemos luz en las calles”: el reclamo que une a cinco barrios nicoleños

La luz se fue para el río. Mientras la costanera baja brilló como nunca por el festival, la zona norte quedó sumergida en una penumbra que ya lleva 48 horas. ¿Casualidad o una cuestión de prioridades? pasá y enterate qué está pasando en los barrios nicoleños.

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La disparidad en San Nicolás es cada vez más evidente. Mientras la ribera resplandece bajo potentes luminarias por el “Festival Rico”, una extensa franja de la zona norte (Moreno, San Martín, San Jorge, San Cayetano y Las Mellizas) lleva 48 horas a oscuras. La pregunta de los vecinos es inevitable: ¿Por qué el progreso se detiene dónde termina el asfalto del centro?

San Nicolás parece estar dividida en dos dimensiones. Por un lado, la “Ciudad Modelo” que se promociona en redes sociales con plazas impecables y eventos de primer nivel. Por el otro, el San Nicolás de los barrios, donde los servicios básicos fallan. La reciente falta de alumbrado público en la zona norte ha reavivado una herida que no cierra: la sensación de que el municipio gobierna para la estética y descuida lo esencial.

El contraste de las luminarias

El reclamo de los vecinos de barrios como Moreno, San Martín, San Jorge, San Cayetano y Las Mellizas es contundente. Llevan dos noches seguidas sin luz en las calles, justo cuando el despliegue lumínico en la costanera baja es máximo. “Hace dos días que no tenemos luz en las calles. ¿Será que por la fiesta de allá abajo nos cortaron el chorro?”, se pregunta con amargura un vecino de Barrio Moreno. La lista de zonas que parecen haber sido “borradas del mapa” por la oscuridad total incluye también a gran parte de la calle Chacabuco.

La preocupación por la seguridad es la respuesta inmediata ante la desidia: “Si nos roban en todos estos barrios por la falta de luz, ¿quién se hace cargo? ¿El intendente personalmente?”, disparan desde la zona norte, reflejando el miedo de volver a casa en plena “boca de lobo”.

¿Obras necesarias o maquillaje constante?

La queja vecinal no se queda solo en la falta de luz, sino que cuestiona la planificación de la obra pública. Muchos nicoleños observan con extrañeza cómo se destinan recursos a embellecer zonas ya consolidadas mientras lo urgente sigue esperando. “Me encanta ver cosas nuevas, pero ¿por qué hay plazas que se hicieron dos o tres veces en menos de cinco años? Es solo una duda”, plantea una vecina.

Para muchos, la gestión parece haberse enfocado en una “pantalla” que oculta las falencias estructurales de la periferia. Uno paga impuestos y faltan muchas cosas que prometió y jamás se hicieron. El centro está divino, pero andá a los barrios”, comenta otro contribuyente, exponiendo la frustración de quien siente que su esfuerzo no vuelve en servicios.

La ciudad es mucho más que la costanera

El sentimiento de abandono se traduce en un hartazgo que ya no se calla. “Hay barrios que la tierra los cubre, calles sin mejorado… ¿A qué le llaman ciudad modelo?”, se pregunta un vecino. Incluso, hay quienes confiesan su desánimo frente a la falta de avances reales: “Nacida acá y nunca vi el progreso real. Todo pantalla y lavado”.

Una ciudad no es “modelo” por la calidad de sus fotos en un festival, sino por la seguridad y la iluminación que le brinda a cada vecino cuando cae el sol, lejos de los reflectores del escenario principal. Prioridades señores.

 

 

 

 

 

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