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La Revuelta realiza un abordaje comunitario y familiar frente a los consumos problemáticos en la zona norte

Esta Casa de Atención y Acompañamiento Comunitario trabaja de forma territorial e interdisciplinaria para acompañar a las personas y a sus familias, en un contexto social atravesado por la crisis, la falta de trabajo y el avance del narcomenudeo

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Ubicada en calle Miguel Rojas 1159, en la zona norte de la ciudad, la Casa de Atención y Acompañamiento Comunitario (CAAC) La Revuelta se ha convertido en un espacio de referencia para personas y familias atravesadas por el consumo problemático de sustancias. El dispositivo surge a partir de la preocupación por el crecimiento sostenido del consumo de drogas y del trabajo previo del movimiento “Ni un pibe y piba menos por la droga”, que ya desarrollaba acciones comunitarias como talleres para mujeres y torneos de fútbol, entendiendo al deporte y a la organización colectiva como herramientas de inclusión y cuidado.

Luego de varios años de insistencia y trabajo sostenido, a fines de 2020 el proyecto fue aprobado por la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina, lo que permitió abrir formalmente la Casa y comenzar a brindar un acompañamiento más sistemático. El crecimiento fue progresivo: primero funcionando en salones comunitarios de los barrios San Jorge y Suizo, luego en un galpón del barrio San Martín, que fue completamente refaccionado, hasta llegar al espacio actual, que cuenta con cocina, un SUM, salas para entrevistas individuales y ámbitos destinados al trabajo terapéutico grupal.

“La presencia en el territorio es clave”, explica Erika Martínez, coordinadora de La Revuelta. “No se trata solo de esperar que las personas lleguen, sino de salir a buscarlas, acompañarlas y comprender las múltiples dificultades que atraviesan”. El abordaje territorial permite conocer de cerca las realidades del barrio, identificar redes, instituciones y recursos, y construir respuestas adaptadas a las necesidades concretas de cada persona. En muchos casos, el acompañamiento implica acciones simples pero fundamentales, como ir a buscar a alguien que no tiene teléfono o facilitar el acceso a quienes viven cerca del dispositivo.

Actualmente, La Revuelta cuenta con un equipo interdisciplinario integrado por psicólogos sociales, psicóloga, trabajadora social, abogada, coordinadores, talleristas de oficios, profesores de educación física, boxeo y hockey, además del personal de cocina, limpieza y administración. Durante las mañanas se desarrolla el trabajo terapéutico, con entrevistas de admisión, consultorías, terapias individuales y grupales, y asesoramiento legal. Por la tarde, en tanto, se llevan adelante los espacios grupales familiares y los talleres deportivos y de oficios.

Uno de los espacios centrales es el grupo familiar, coordinado por el psicólogo social Martín Díaz. “Cuando una familia se anima a hablar, algo ya empieza a ordenarse. Cuando la palabra circula, el dolor pesa menos”, señala. El dispositivo parte del reconocimiento de que el consumo no afecta solo a quien consume, sino a todo el entramado familiar. Culpa, miedo, enojo, cansancio y soledad son algunas de las emociones con las que llegan las familias, muchas veces cuando ya no saben qué más hacer.

El trabajo grupal ofrece contención, escucha y herramientas concretas: construcción de límites saludables, comunicación sin violencia, comprensión del consumo como una problemática compleja y, sobre todo, el cuidado de quienes acompañan. “Acompañar no es salvar, es estar. No hay recetas mágicas, hay presencia”, resume Díaz. Con el tiempo, las familias logran aliviar la carga emocional, correrse del lugar de salvadores y entender que pedir ayuda no es fracasar, sino cuidarse.

En la zona norte, el equipo observa un aumento del consumo de crack, cocaína y pastillas, con inicios cada vez más tempranos, en un contexto marcado por el narcomenudeo, la violencia y la falta de oportunidades. Frente a este escenario, La Revuelta apuesta a sostener procesos, fortalecer redes y construir comunidad, aun en medio de la incertidumbre económica e institucional.

A futuro, el objetivo es consolidarse como un espacio de referencia barrial, profundizar el trabajo en prevención y formar operadores comunitarios que, desde su propia experiencia, puedan convertirse en referentes. “Creemos en los vínculos, en los procesos y en la fuerza que aparece cuando el cuidado se vuelve colectivo”, coinciden desde La Revuelta. Porque cuando nadie queda solo, el camino se vuelve posible.

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