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Las guardianas de la representación

La percepción profunda y sincera de personas que hicieron su camino atravesando adversidades y colaboran con la vorágine de la sociedad desde distintas aristas: profesionalismo, emprendimiento y arte.

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El concepto de representación desde su definición más profunda comprende esa condición de ser fiel a uno mismo o desarrollar fidelidad ante lo que se desea expresar, ser condescendiente en esa relación que ocurre entre la palabra y la acción. La esencia, parte abstracta que diferencia a una persona de otra, se rinde ante el camino recorrido para crear una fortaleza que por un lado proteja constantemente a dicha esencia y por el otro sea el combustible necesario para afrontar todas aquellas adversidades futuras o golpes de pasado que siguen conviviendo en el presente.

A continuación, mujeres con alto valor en sus esencias, enuncian su percepción de representatividad en la actualidad de una sociedad que sufre constantes injusticias, violencia, autoritarismo, careciendo de empatía y protección por quien se tiene al lado. Una mente que considera que no todo tiene solución en la vida, donde se debe ser consciente y trabajador en ese estado emocional para salir adelante, un corazón que entiende que la suerte junto a decisiones claras pueden ser el camino que marqué el andar en este mundo y un alma que reconoce en el arte un espacio especial en donde puede ser el único punto en común en un grupo de personas, son la trilogía que desarrollará una motivación, incentivación o inspiración a quien lea lo expresado o aprecie su calidad humana generando así la fuerza más fuerte existente en el paso sobre este mundo: la esperanza.

Que la paz interna originada en el reflejo de lucha, entendimiento y compresión sostenga ese lado inefable de las vivencias y las cosas maravillosas que tiene cada camino de la vida. ¡GRACIAS MUJERES!

“¿Qué es ser mujer hoy? Es una pregunta que me interpela. Al inicio hice eco con la palabra mujer, pero una resonancia mayor vino después con la palabra ser.

Mujer se nace sin deliberación, desde un determinismo biológico, con sus características y anatomía diferenciadas, pero ser mujer ya es otra cosa. 

Mujeres hubo siempre desde que existe la humanidad. Sin embargo, las formas de ser mujer no han sido siempre las mismas. Cada época imprime sus marcas, sus expectativas y sus mandatos, con diferentes representaciones.

Desde mi experiencia, es un recorrido que implica una construcción identitaria, no sólo en cuestión de género, sino con una manera de ser y estar en esta época. Es un proceso de tensión entre la permanencia de ser idéntica y la singularidad propia de quien construye su devenir.

Ser hombre como ser mujer, no pueden ser una sin la otra, se erigen desde caminos complejos, incluyendo las diversidades. Ahí pienso, qué difícil es ser para cada quien.

Ser mujer es una responsabilidad y un compromiso, que viene a través de lo histórico social, con una fuerza a veces aplastante, esa crueldad superyoica visible en sentimientos de culpa y de exigencia en la que sentimos que nunca es suficiente. Pero principalmente, es una responsabilidad en tanto logre responder de otro modo, frente aquello que se presenta como mandato. Ese es el desafío: poder ser dentro de las variadas posibilidades, también con la responsabilidad de dejar huella.

No se trata de idealizar, sino de asumir la complejidad que nos atraviesa.

Creo profundamente en el poder de ser mujer en la actualidad, por las posibilidades de posicionarnos frente a nuestra historia. Es un concepto abierto, en movimiento. Se construye en cada tiempo, en cada historia y en cada mujer. ¿Cómo serán las futuras generaciones y sus efectos transformadores?”.

Cristina Centeno

“Pienso en los mandatos que desde chicas nos rodean y se instalan como reglas invisibles. Nos dan libertad de elegir que estudiar y armar nuestro propio recorrido profesional, pero bajo un acuerdo tácito: construir un hogar, sostener la armonía de la familia, y cumplir con ciertas expectativas antes de priorizar nuestro desarrollo.

Para mí ser mujer en los espacios que habito me llevó a cuestionar esos moldes. Me tocó habitar espacios históricamente liderados por hombres, y ser la única mujer -o una de las pocas- con voz y voto. Aun así, encontré la manera de aportar valor con identidad propia.

Mi recorrido profesional pasó por la gestión pública, el trabajo en desarrollo emprendedor y el ámbito empresarial. Integré equipos donde la toma de decisiones estaba marcada por estructuras tradicionales, hoy formo parte de la Comisión Directiva de la Federación de Comercio e Industria e hice escuela en una PyME familiar fundada y dirigida por hombres, donde siempre fui la única mujer sentada en la mesa.

El desafío fue aprender a construir voz. Una voz que no se impone, pero tampoco se diluye. Una mirada distinta, no solo por género, sino también generacional. Muchas veces fui la más joven del equipo, lo que implicó escuchar, aprender de la experiencia y, al mismo tiempo, animarme a proponer nuevas formas de hacer, incorporar tecnología, pensar procesos y abrir conversaciones.

La clave fue comprender que los cambios no se logran en soledad ni en confrontación permanente, sino que la construcción conjunta es la que transforma estructuras. Hoy valoro profundamente a los hombres que supieron escuchar, abrir espacio y reconocer que una mirada femenina y joven podía enriquecer la gestión.

Ser mujer hoy, para mí, es integrar estrategia y sensibilidad, firmeza y empatía. Es animarse a liderar sin perder autenticidad. Como siempre digo: me encanta ir a la guerra, pero nunca olvido llevar mi labial en la cartera. Y entender que cada paso que damos amplía el camino para quienes vienen detrás”.

María Luz Ponzi

“Ser mujer hoy es ocupar un rol tan hermoso como desafiante, lleno de posibilidades y a la vez, atravesado por una enorme cantidad de mandatos y exigencias respecto de lo que deberíamos ser y hacer. Contamos con una gran libertad para decidir qué dirección deseamos dar a nuestra vida, aunque esas elecciones rara vez escapan a la crítica de la mirada ajena; e incluso a nuestro propio juicio, donde también han enraizado muchas narrativas que heredamos del entramado familiar y social en el que crecimos.

Uno de los tantos aspectos en los que creo que ha evolucionado la experiencia femenina de las últimas generaciones, es la posibilidad de desarrollarnos profesionalmente como parte de una búsqueda de autorrealización personal, en la que podemos además, dejar huella en quienes nos rodean y en el mundo que habitamos. En este sentido, seguir mi deseo de ser lo que quería ser no fue fácil en un principio, las resistencias y cuestionamientos de parte de mi entorno más cercano fueron sin dudas, la barrera más difícil de atravesar. No obstante, afortunadamente, en cada ser habita una pulsión que siempre encuentra el camino hacia aquello que anhelamos, y en mi caso, varias manos tendidas que me alentaron a ir en busca de mis sueños; también es gracias a ellas -mi madre, amigas, alumnas, docentes y compañeras- que hago lo que amo.

La danza me ha permitido conocerme y mostrarme en mi versión más transparente; es para mí espacio de desahogo e instante de plenitud, así como la maravillosa oportunidad de imaginar otras realidades posibles, que materializadas en la escena dejen un mensaje, hagan un aporte para mejorar las cosas.

De la misma manera, espero de corazón que cada una de nosotras logre crear para sí la vida que desea vivir, y que cuando las cosas no marchen como esperamos, contemos con el apoyo de otras mujeres que nos inspiren e impulsen, porque si de algo estoy segura, es de que juntas podemos mucho más”.

Lourdes Munárriz

 

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