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“Lo tuve que atar a mi casa”: El desesperado recurso de un vecino ante la caída de un poste

La tormenta de anoche no solo trajo ráfagas y lluvia, sino que desnudó el precario estado del tendido de servicios en la ciudad. Entre postes de luz que golpean paredes y otros que sirven de "escalera" para delincuentes, los nicoleños deben recurrir a medidas desesperadas ante un Estado que se desentiende y empresas que se pasan la pelota.

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La imagen en Bolívar y Cernadas resume el sentimiento de abandono que atraviesa a los barrios: un vecino, por sus propios medios y ante el riesgo inminente de un desastre, decidió atar un poste de luz a su propia casa. “Lo salvé justo” contó el protagonista a este medio, mientras a pocos metros, un poste de telecomunicaciones cedía ante la fuerza del viento. Sin embargo, este hecho no es una anécdota aislada, sino el síntoma de una ciudad donde los servicios básicos penden de un hilo.

La trampa del “no me corresponde”

El temporal volvió a poner en evidencia el laberinto burocrático que deben recorrer los ciudadanos. Los testimonios recogidos tras la tormenta exponen un sistema de reclamos que no ofrece soluciones, sino excusas. “El poste golpea muy fuerte mi pared. La otra vez hice el reclamo y Telecom dice que es de EDEN, EDEN dice que es de Telecom. Nunca me solucionaron el problema”, relató con angustia un vecino de Alberdi al 1500, quien anoche vivió horas de terror al sentir los impactos del poste sobre su estructura.

Esta situación se repite en diversos puntos de la ciudad, donde los residentes se ven obligados a realizar reparaciones caseras. “Yo tengo uno atado a mi árbol”, confesó otro vecino, explicando que la disputa eterna entre las ex empresas de telecomunicaciones y la distribuidora eléctrica los deja en una zona gris de absoluta vulnerabilidad.

Seguridad y mantenimiento: Una deuda pendiente

Más allá del riesgo eléctrico o de derrumbe, los vecinos alertan sobre un “efecto secundario” de estos postes en mal estado. La inclinación y la falta de fijación los convierten en herramientas para el delito. “Son un peligro esos postes y los chorros los usan para escalar hacia los techos”, denunciaron en medio del relevamiento por los daños del temporal.

Mientras la gestión local suele enfocarse en la estética superficial, la infraestructura que sostiene los cables de la ciudad parece ser “tierra de nadie”. La zona está llena de postes doblados y tendidos que, ante cada ráfaga fuerte, ponen en jaque la integridad física y material de los contribuyentes. Hoy, el “ingenio” de atar un poste a una ventana es la única respuesta ante un municipio ineficiente.

 

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