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“Lucran con nuestro dolor”: el veredicto de la calle sobre la privatización del Cementerio ‘’Municipal’’

Tasas que vuelan y muertos que no descansan: el abandono del cementerio municipal colmó la paciencia del nicoleño. Mientras un grupo de empresarios recién asociados se asegura el negocio por 30 años, en los pasillos solo hay mugre, robos y la sensación de que nos vendieron el respeto a nuestros seres queridos.

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Mientras en los despachos oficiales hablan de “progreso” y “servicios de vanguardia”, la realidad en los pasillos del cementerio le escupe en la cara al contribuyente. Lo que para el poder fue una firma rápida para entregar el negocio por tres décadas, para el vecino de San Nicolás es una traición a la confianza pública. Los papeles dicen “concesión”, pero la calle dice “estafa”: una empresa recién nacida, manejada por los mismos dueños de siempre, se queda con la caja mientras el cementerio se hunde en la desidia.

El luto como mercancía

La indignación no es por una cuestión ideológica, sino por el estado de abandono que golpea la vista apenas se cruza el umbral. “Cómo lucran con el dolor de las personas… es pésima la gestión. El cementerio está todo sucio y nadie se hace cargo de los robos”, sostiene una vecina con la voz cargada de impotencia. Lo que antes era un lugar de respeto y paz, hoy se percibe como una zona liberada donde la inseguridad no respeta ni a los que ya no están.

El sentimiento de “negocio entre socios” es el comentario obligado en cada esquina de San Nicolás. Los vecinos no necesitan ver el CUIT de la empresa para darse cuenta de que el traje fue hecho a medida. “Es una vergüenza la cuenta que sacaron. ¿Cómo van a concesionar algo por 30 años por esa suma irrisoria mientras a nosotros nos matan con las tasas?”, reclama un contribuyente que ya no compra el discurso de la eficiencia privada. Para la gente, lo que ocurrió fue una entrega: “Es un negocio entre socios y desde que se privatizó, prácticamente sigue todo igual o peor”.

Mugre, robos y precios carísimos

La desidia se palpa en los detalles más básicos. Canillas que no funcionan, yuyos que tapan las lápidas y un sentimiento de inseguridad constante que está rompiendo el vínculo emocional de la comunidad con sus muertos. “Es lamentable ver el deterioro. Da inseguridad visitar a nuestros seres queridos y a raíz de eso estamos perdiendo el deseo de ir”, confiesa un vecino, resumiendo el daño profundo que provoca esta gestión: el quiebre de una tradición sagrada.

Incluso el entorno comercial del predio ha caído en esta lógica de exclusión. Las quejas por los puestos de flores apuntan a un esquema de precios prohibitivos y maltrato. “Es mugre y asco. En los puestos de flores solo se puede ir a uno específico, los demás te atienden mal y los precios son carísimos. Todo es un curro”, disparan en las redes sociales, marcando que el monopolio del luto llega hasta el último detalle.

Un silencio que aturde

Lo que más duele en los barrios es la falta de respuesta. El municipio parece haber delegado no solo la administración, sino también la responsabilidad de dar la cara. El resultado es una necrópolis que, en palabras de los propios vecinos, parece “una película de terror”.

Mientras los empresarios que integran la sociedad anónima —muchos de ellos conocidos por manejar el negocio funerario privado de la ciudad— aseguran su renta por tres décadas, el nicoleño se queda con la mugre y el lamento. La conclusión de la calle es una sola y es demoledora: “San Nicolás tiene dueños y hasta los muertos la pasan mal”. El descanso eterno, al final, resultó ser el negocio más rentable para unos pocos, y la mayor vergüenza para todos los nicoleños de bien.

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